Batalla contra la violencia

Batalla contra la violencia

Marzo 29, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Terrorismo y oferta de diálogos sigue siendo la estrategia de quienes no han comprendido que la violencia ya no es aceptada por los colombianos como argumento para reclamar reconocimientos políticos".

Antes que una nueva embestida de las Farc contra la Fuerza Pública, ya no queda duda que sus últimos atentados terroristas en el Cauca son desesperados intentos por responder a la ofensiva de las autoridades contra antiguos bastiones donde la impunidad les permitía cometer toda suerte de delitos. Carro bomba que iba a ser instalado en la cabecera municipal de Caloto, objetivo que no se cumplió gracias a la eficaz actuación del Ejército; siembra de minas en la carretera que une a Florida con el norte del Cauca y ataques contra las poblaciones de Tacueyó, el Palo y demás territorio ocupado antes por frentes que parecían intocables. Esas son las respuestas a las toneladas de marihuana y cocaína incautadas en certeros golpes, y al ataque que desmanteló uno de los campamentos de las Farc donde se adiestraban futuros guerrilleros, dejando un saldo importante de bajas.Terrorismo y oferta de diálogos sigue siendo la estrategia de quienes no han comprendido que la violencia ya no es aceptada por los colombianos como argumento para reclamar reconocimientos políticos. Con la primera ponen en peligro la integridad de miles de personas ubicadas en una zona densamente poblada. Es una forma de usar a la población civil como rehén para detener el accionar de la autoridad legítima y tratar de impedir la consigna de derrotar lo que parece ser el último reducto del máximo jefe de la guerrilla más antigua del mundo. Y con la segunda, la de plantear diálogos mientras practican ese terrorismo, pretenden también impedir que la Fuerza Pública continúe sus progresos y consiga el respaldo de crecientes sectores de la población de la zona ubicada en los departamentos de Valle, Cauca, Tolima y Huila. Porque ya saben que sus esfuerzos por lograrlo utilizando a los secuestrados ya no convencen a nadie. Por el contrario, les generan el rechazo de la Nación y de la Comunidad Internacional, a los que se les agotaron los llamados a las Farc para que actúen con sensatez y abandonen la arrogancia que les impide ver su decadencia irremediable.Por lo pronto, los colombianos están respaldando el accionar de la Fuerza Pública en la zona del sur del Valle y el norte del Cauca. Y deploran las bajas de soldados y policías que han sido asesinados en emboscadas traicioneras o lesionados en medio de los campos minados que siembran las Farc en su huida, sin importar a quién hacen daño. Actos cobardes que los hacen merecedores del repudio general y les siguen cerrando las puertas a cualquier posibilidad de negociación. Hoy, el suroccidente de Colombia padece los rigores del conflicto que tiene alarmados a sus habitantes y causa daños entre las comunidades, en especial las indígenas. Son consecuencias de haber permitido que se dejaran crecer dominios donde la ilegalidad y el uso de la fuerza reemplazaron por años al Estado de Derecho. Ojalá, el esfuerzo que hoy hace la Fuerza Pública derrote por fin ese imperio del mal y le devuelvan la tranquilidad a los pueblos ancestrales que han sido irrespetados por las Farc.

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