Año electoral

Enero 03, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"El Valle es una gran víctima de esa forma de interpretar la democracia. Y no sería raro que por culpa de los negocios, los vallecaucanos terminen eligiendo menos senadores de la comarca y más dirigentes de regiones como la Costa Atlántica que, cargados de dinero, acceden a los votantes".

El 2014 será el año electoral en Colombia. Además de renovar el Congreso en marzo, en mayo tendrá lugar la votación para escoger el nuevo Presidente de la República, lo que indica que, por lo menos en el primer semestre, las campañas y la confrontación de propuestas serán los protagonistas del acontecer nacional. Ese es el ritual de cada cuatro años, con el cual se cumple la ley de la democracia que ordena consultar al pueblo sobre la conformación del órgano Legislativo y sobre la escogencia del jefe del Estado. Un ritual que si bien se ha cumplido con rigor durante los últimos 55 años en nuestro país, muestra serias falencias que están a la espera de cambios serios y profundos para evitar que se continúe desvirtuando la esencia misma de la representación popular. Está en primer lugar la persistencia de vicios que impiden la transparencia y en muchos casos alteran los resultados, ya sea mediante el fraude que no ha podido ser erradicado, o apelando a la descarada compra de votos. Ahora, el problema se agrava ante la creación de la circunscripción nacional para el Senado de la República, lo que ha implicado la creación de empresas electorales de aspirantes que andan por todos los departamentos comprando electores, líderes comunales o regionales que venden por unos pesos su capacidad de movilizar votantes. El Valle es una gran víctima de esa forma de interpretar la democracia. Y no sería raro que por culpa de los negocios, los vallecaucanos terminen eligiendo menos senadores de la comarca y más dirigentes de regiones como la Costa Atlántica que, cargados de dinero, acceden a los votantes. Eso es también el resultado de la decadencia que presentan los partidos como organizaciones que deben canalizar la voluntad popular, los cuales en muchos casos se han convertido en simples entidades dedicadas a dar avales que permiten elegir personas sin importar su origen político.Al final, y con las excepciones de organizaciones serias que sí están comprometidas con el deber que implica ser elegido en esos cargos por los ciudadanos, en muchos casos no importará la disciplina que exige la ley de bancadas si no la posibilidad de negociar el control político con criterios muy distintos al interés común y al mandato de los electores. Son los vicios que ahuyentan a los colombianos de la política y le restan credibilidad al Congreso, uno de los pilares de la institucionalidad en nuestro país. Dos meses después, en mayo, tendrá lugar la elección del Presidente. En este año, ya se sabe que el doctor Juan Manuel Santos aspirará a su reelección inmediata, una figura que si bien es legítima, no acaba de acomodarse en los gustos de los colombianos. Aunque es conocida su vocación como demócrata respetuoso de las reglas de juego, aún subsisten temores de que el poder sea usado para favorecer su candidatura. Sólo el transcurrir de la campaña, en la cual jugará papel primordial la negociación con las Farc que se adelanta en La Habana, será la demostración sobre la imparcialidad del gobierno en el proceso electoral que vivirá Colombia durante los próximos seis meses.

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