Amenaza crónica

Noviembre 16, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...el Valle no parece entender que en una de sus principales riquezas, la abundancia de ríos, está uno de sus mayores peligros. Y que éste puede atenuarse si los dirigentes públicos y privados se deciden a continuar el propósito que impulsó la creación de la CVC hace 57 años".

Inundaciones en dos barrios de Cali que afectaron a cerca de 200 viviendas en los alrededores del Cauca y desbordamiento de tres ríos en el sur de la capital vallecaucana; y de nuevo las crecientes que causan estragos en Candelaria, Jamundí, Yotoco, Andalucía, Florida o La Victoria. Esas son pruebas de que el clima ha cambiado y ni el Valle ni Cali se han preparado para enfrentar la amenaza. Otro tanto ocurre con las laderas de las cordilleras y los municipios que allí se asientan. De nuevo, y como ocurrió hace un año, los llamados de auxilio se escuchan como si nada se hubiera hecho. Y enclaves económicos tan importantes como la Zona Franca del Pacífico o los cultivos que se extienden a lo largo del valle geográfico quedan expuestos a la destrucción causada por los desbordamientos de ríos que pueden ser contenidos si se realizan los trabajos que demanda una situación ya crónica. La verdad es que el Valle no parece entender que en una de sus principales riquezas, la abundancia de ríos, está uno de sus mayores peligros. Y que éste puede atenuarse si los dirigentes públicos y privados se deciden a continuar el propósito que impulsó la creación de la CVC hace 57 años. Es decir, la regulación de todos los afluentes para aprovechar sus bondades y anticiparse a los desastres que pueden causar.Ese sencillo e importante principio parece haber sido superado por los afanes de imponer intereses políticos. Por eso, y pese a lo sucedido hace un año, el Departamento y su capital no cuentan siquiera con un mapa de riesgos. Triste es reconocer que el desbordamiento de los ríos Lili, Cañaveralejo y Meléndez, en el sur de Cali, era una tragedia anunciada porque sus cauces están destruidos, sus riveras han sido taladas y la erosión los transformó en peligros que se desatan con una temporada de lluvias. A pesar de esas amenazas, el plan de rescate del río Cauca, cuyo documento Conpes fue firmado hace tres años, yace en algún anaquel a la espera de que alguien lo ponga en ejecución. Y el Departamento de Gestión Ambiental, Dagma, es un embeleco dedicado a resolver exigencias burocráticas, sin estructura ni recursos para atender los graves daños que padece el medio ambiente de la ciudad. Así, y mientras aún hay centenares de familias vallecaucanas a la espera de las ayudas para reparar los daños causados hace un año por el invierno, ellas están de nuevo ante la amenaza de los ríos, de los derrumbes o de las crecientes que vuelven a arrasar sus viviendas. Y miles de campesinos y hacendados deben dedicarse a tratar de defender sus tierras de la furia de las aguas. Todo lo cual redunda sin compasión en el empleo y la generación de riqueza, ampliando el espectro de por sí preocupante de la pobreza. El Valle y Cali están padeciendo las consecuencias de un invierno crudo que ya no puede tratarse con medidas improvisadas o declaraciones de emergencias. Ahora hay que pedirles a los gobernantes y a la dirigencia regional una estrategia para responder como corresponde a una amenaza permanente que causa estragos cada año.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad