Al borde del abismo

Octubre 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Lo que se está produciendo en Venezuela parece el asalto final para imponer el totalitarismo, silenciar la protesta y acabar con las libertades. Entre tanto, el Jefe del Gobierno se pasea por el mundo como si en su país no pasara nada. Y aunque la Asamblea le pide a las Fuerzas Armadas no acatar las órdenes contrarias a la Constitución, el escepticismo es grande ante el compromiso que muestran en el ejercicio del poder, la ocupación de cargos en el ejecutivo y su responsabilidad en la tolerancia de grupos paramilitares que amedrentan a los opositores y siembran la violencia.

Día a día, el derrumbe de las instituciones creadas por la Constitución que se inventó Hugo Chávez parece ser irreversible. Y Venezuela cae en la incertidumbre mientras la Comunidad Internacional ve desde la distancia la sucesión de hechos que amenaza ya con una confrontación violenta, o con la consolidación del absolutismo de un régimen empeñado en imponer el comunismo. La semana pasada fue pródiga en acciones de los jueces y de los validos del Gobierno contra los pedidos de llamar a un referendo revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro. Al final, unos tribunales regionales decidieron ordenar la suspensión indefinida del proceso, parte integrante de la Constitución chavista, recibiendo de inmediato la obediencia del Consejo Nacional Electoral, sin esperar siquiera a que fuera notificado. Antes, los miembros del Tribunal Supremo de Justicia cambiaron esa Constitución al ordenar que el 20% de las firmas a favor del revocatorio debía registrarse en cada uno de los Estados y no a nivel nacional. Y aprobó que el Presupuesto Nacional no fuera presentado por el Gobierno a la Asamblea Nacional, a la cual le ha negado todas y cada una de sus facultades y anulado sus actuaciones, continuando su obediente papel de instrumento sumiso para consolidar la hegemonía de un régimen que ha condenado a Venezuela al hambre, a la escasez y a la muerte de la iniciativa privada.Como reacción a esas decisiones, la oposición empezó a movilizar el rechazo ciudadano. Ayer, la Asamblea Nacional fue escenario de una sesión en la cual, entre otras acciones, se declaró en rebeldía, abrió juicio político contra el presidente Maduro y acordó denunciar ante la Corte Internacional de Justicia a los jueces y magistrados que tomaron las medidas para impedir las expresiones democráticas que contempla la Constitución de Chávez.Para completar, la Asamblea fue invadida por partidarios del Gobierno. Con armas en la mano amenazaron y agredieron a los asistente, hechos que fueron registrados por medios de comunicación. Y las Fuerzas Armadas, que deberían ofrecer garantías al Legislativo, no aparecieron para impedir el ataque a uno de los poderes públicos más importantes para la democracia.Lo que se está produciendo en Venezuela parece el asalto final para imponer el totalitarismo, silenciar la protesta y acabar con las libertades. Entre tanto, el Jefe del Gobierno se pasea por el mundo como si en su país no pasara nada. Y aunque la Asamblea le pide a las Fuerzas Armadas no acatar las órdenes contrarias a la Constitución, el escepticismo es grande ante el compromiso que muestran en el ejercicio del poder, la ocupación de cargos en el ejecutivo y su responsabilidad en la tolerancia de grupos paramilitares que amedrentan a los opositores y siembran la violencia. La situación en Venezuela es pues de gravedad extrema. Así lo denunció el Secretario de la OEA y así lo expresan los millones de venezolanos que abandonan su país o los que se quedan padeciendo el desastre. La Comunidad Internacional debe actuar para tratar de impedir la violencia que todos temen.

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