A 10 años de la infamia

Septiembre 11, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...también quedó claro que los Estados de Derecho, si bien tienen que usar la fuerza para defenderse, no pueden actuar con la misma brutalidad de los terroristas. Acudiendo a una máxima de la antigua sabiduría militar china, deben “pelear con razón, con ventaja y sin sobrepasarse”. La respuesta del gobierno estadounidense a tan infame atentado perdió de vista la anterior sentencia..."

Hace 10 años, 19 secuestradores tomaron el control de cuatro aviones de pasajeros en los Estados Unidos, estrellaron dos de ellos en Nueva York, uno en Washington y el otro cayó a tierra sin impactar en su objetivo. Fue un ataque brutal e inesperado, que sorprendió al mundo y puso en jaque a la primera potencia del planeta. Fue un acto terrorista organizado por la red de Al Qaeda que pudo ser visto ‘en vivo y en directo’ por una atónita audiencia universal. En el macabro evento murieron más de dos mil personas inocentes, víctimas de la insania criminal del terrorismo, mientras millones observaron atónitas cómo las colosales Torres Gemelas de Nueva York se desmoronaban sobre las calles de la gran ciudad. Por grabaciones publicadas hace poco sabemos que la brutalidad imperó también en el interior de los aviones, donde se apuñalaron azafatas y personas que trataron de oponer resistencia.No sólo fue el más grave ataque sufrido por Estados Unidos dentro de su territorio en toda su historia, sino que la magnificación del suceso gracias a su transmisión por televisión lo hizo sentir a escala universal. De alguna manera todos fuimos víctimas del infame crimen. Los terroristas lograron sus objetivos, producir miles de víctimas y aterrorizar al mundo. Pero también despertaron el ansia de revancha.Desde entonces todo cambió. Quedó claro que el terrorismo es un enemigo despiadado, que no se atiene a negociaciones, ni ceja en sus propósitos destructivos. Rindiendo culto a la fuerza, sólo la fuerza puede detenerlo. La brutalidad es el único argumento al que presta atención. Pero también quedó claro que los Estados de Derecho, si bien tienen que usar la fuerza para defenderse, no pueden actuar con la misma brutalidad de los terroristas. Acudiendo a una máxima de la antigua sabiduría militar china, deben “pelear con razón, con ventaja y sin sobrepasarse”. La respuesta del gobierno estadounidense a tan infame atentado perdió de vista la anterior sentencia, equivocando los blancos y generando una especie de paranoia colectiva que llevó a la limitación severa de las libertades civiles. Las guerras de Iraq y Afganistán, la cárcel de Guantánamo y la conversión de las diferencias religiosas en una ‘lucha de civilizaciones’, son testimonios de esa equivocación. El resultado no ha sido bueno. Naciones enteras, como Iraq, ajenas al 11S, pagaron por los platos que rompieron otros. Afganistán se convirtió en un pantano político y militar que aún no desagua, y la economía mundial sufrió efectos impensados como el deterioro de la economía estadounidense, los altos costos del petróleo y la especulación financiera.El mundo cambió y hoy no es más seguro que antes del 11S, pese al despliegue militar, la multitud de medidas represivas y el uso de ingentes recursos para librar “la guerra contra el terrorismo”. Aún tememos otro ataque de Al Qaeda, pese a la muerte de su máximo cabecilla, y hasta en la pacífica Noruega el terrorismo actúa con sevicia. 10 años después es bueno preguntar si del 11 de septiembre de 2001 se sacaron las lecciones apropiadas.

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