¿Y nuestro Adolfo Suárez?

¿Y nuestro Adolfo Suárez?

Marzo 31, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

¿Tiene hoy Colombia un hombre del talante de Adolfo Suárez? No, infortunadamente no. ¿Necesita con urgencia Colombia de un hombre del talante de Adolfo Suárez? Sí, definitivamente sí. ¿Quién fue Adolfo Suárez? Un político español. Un político de verdad, no un politiquero de los que pululan allá y aquí. Un hombre serio, no un demagogo ni un oportunista. Un visionario, no un Mesías. Un enemigo del puño y un amigo de la palabra; un tipo que enseñó a ganarle a los odios en los que tantos y tantas habían crecido. Y además, un ser felizmente imperfecto.Claro está, Suárez fue mucho más que eso. Sin él, el tránsito de la peor de las dictaduras a la democracia hubiese tardado más y no hubiera alcanzado la categoría que le dio calificación de ejemplar a esa nueva España dispuesta a mirar al mañana, eso sí, sin renunciar a tener muy viva la memoria histórica de la Guerra Civil y de la feroz represión que le siguió durante eternos casi 35 años. Suárez, el presidente del gobierno español que supo marcar el camino que llevó a una nación a construir un primer escenario donde, por fin, cupieran todos, sin excepción, antepuso los intereses generales a los partidistas. Ahí estuvo su clave. Por eso, cuando la semana pasada una imagen impensable retrató su importancia (esa de Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, juntos), nadie pareció preocuparse por encontrar el nicho ideológico de un auténtico líder.¿Era de derechas Adolfo Suárez? Claro que sí. Qué importa. Lo que vale es que empujó la legalización de un Partido Comunista condenado a la hoguera por siglos, y también de los sindicatos que habían agitado las banderas, y mucho más, del anarquismo en los años de la preguerra y de la guerra. Y es el mismo Suárez, vilipendiado por unos y otros, el que decreta la defunción del sagrado Movimiento Nacional, brazo político de la dictadura militar fascista bajo palio que fue esa cosa llamada franquismo.Claro está, a la extrema derecha Suárez le parecía Judas en persona. Y a la izquierda, en sus diversos matices, un reformador de esos que no son ni chicha ni limoná. Ahí, en medio de esas dos aguas, Suárez cocinó, a punta de diálogo y consenso, una Constitución que ahora cobija a una sociedad que se olvidó de matar y se dedicó a vivir. Pero antes, cuando más desprestigiado andaba, se jugó la vida en las Cortes ese 22 de febrero de 1981, en el fallido intento de golpe, a cargo de vulgares pistoleros al mando del tal Antonio Tejero.¿Y por qué un Suárez para Colombia ahora? Para que convoque con otras banderas que no sean las de la descalificación por la descalificación (a eso mismo, no hace mucho, la llamamos sectarismo). Pero además para que junte a un país signado por la dictadura de la violencia, que no es una sola sino muchas violencias. Un hombre que no nos venda la famosa patria por encima de los partidos, sino la gente por encima de los extremos. Alguien que esté por encima de la polarización que compramos, creyéndola barata y que ahora tiene cara de deuda impagable. El conciliador que sea capaz de inspirar el debate amplio, en una sociedad donde quepamos todos y en la que nuestros hijos tengan mañana.¿Dónde está nuestro Adolfo Suárez?Sobrero 1: La Fundación para la Libertad de Prensa dice que agentes de la Policía son los principales agresores contra el ejercicio periodístico, por encima de grupos armados ilegales. ¿Qué responde usted, presidente Juan Manuel Santos, periodista para más señas?Sobrero 2: Van 39 muertos por violencia en Venezuela desde que estalló allí la crisis. El mismo número de homicidios que cuenta Tuluá en lo que va de este año. ¿A quién le importa?

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