Víctor Jara, 40 años después

Septiembre 09, 2013 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Pedro Barrientos Núñez podría ser solo un respetable anciano de una inédita calle de una ciudad de la Florida, un latinoamericano más que ha decidido pasar los años de la vejez en una casa tranquila, rodeado de un medio tan afín que ni siquiera le exige cambiar de lengua. Pero todo indica que para Pedro Barrientos Núñez las cosas cambiarán y mucho. Su cuadra en Daytona es cada vez menos privada. Ahora es un lugar más público por cuenta de los medios de comunicación. Y en su agenda de paseos diarios es posible que pronto incluya el que lleva al tribunal federal de Jacksonville. Pedro Barrientos Núñez, teniente del Ejército chileno y ahora ciudadano estadounidense, es señalado como autor material del asesinato de Víctor Jara.¿Y quién es, o era, Víctor Jara? Hace 40 años, pasado mañana martes 11 de septiembre, uno de los símbolos de un sueño popular que ese día del 73 las Fuerzas Militares chilenas, el poder económico local y un abierto respaldo de los Estados Unidos, decidieron sepultar entre bombardeos, ejecuciones sumarias, desapariciones, torturas y todo tipo de violaciones a los derechos humanos.Hijo de padre analfabeta y de una madre que se echó el hogar al hombro, a la que inmortalizo con aquel ´Te recuerdo Amanda’, Jara hizo de su canción social un grito sereno. El mismo con que esperó a sus verdugos, que lo llevaron a culatazos hasta ese campo de concentración de donde no volvió: el Estadio Chile. Eran los mismos verdugos que celebraban el parte del general Palacios: “Misión cumplida. Moneda (el palacio de gobierno) tomada. Presidente muerto”. Sí, “Presidente muerto”, aunque no en el estricto cumplimiento de lo que exigía el almirante Patricio Carvajal: “Tenemos que matarlos como ratas, que no quede rastro de ninguno de ellos, de Allende”.Porque Allende les ganó la mano. Se suicidó. Lo tenía tan claro que lo dijo minutos antes a sus chilenos de las barriadas, en discurso póstumo, con el estruendo las bombas como telón de fondo: “Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo…”. Y Víctor Jara también pagó a su manera. Como muchos de los cinco mil presos políticos que fueron a parar al estadio (no es el Nacional, como se cree).Ya son tres testimonios de soldados que coinciden en que Barrientos le soltó un tiro a bocajarro, luego de regodearse con la presa, a quien ordenó a sus hombres torturar y rematar con decenas de disparos: “El teniente Barrientos colocó una bala en el tambor de su revólver, le dio vueltas y apretó el gatillo, sabiendo que cada vez que apretaba podía ser letal”. Quien ha juntado las piezas de la historia y las puso en manos de la Justicia es una mujer. Se llama Almudena Bernabéu, es española y busca que dos leyes federales americanas (Protección a Víctimas de la Tortura y el Estatuto de Reclamación por Agravios contra Extranjeros) obliguen a Barrientos a responder por un caso con el que niega tener vinculación y al que ha hecho esguinces legales.La demanda civil en curso lo relaciona con el manejo de una empresa criminal, mientras a la par corren señalamientos por asesinatos extrajudiciales, torturas y crímenes contra la Humanidad. Ella, Bernabéu, la misma que logró la condena para Efraín Ríos Montt, el exdictador guatemalteco por las violaciones a los derechos humanos en ese país (“es peor que el Apartheid de Suráfrica”, coincide con John Carlin), está interesada en remover más tierra arrasada en América Latina.Sus baterías apuntan a los autores del asesinato de Jara, los que hace 40 años mataron una constitución y quisieron pasar a la historia como redentores, olvidando que todo se puede enterrar, menos lo que siempre perdura: la memoria.

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