Venezuela: Maduro lío

Enero 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

El caso del asesinato en días pasados de la actriz y modelo venezolana Mónica Speer y de su esposo, el irlandés Thomas Henry Berry, más las heridas que sufrió su hija de cinco años, es el ejemplo típico de cómo una situación que afecta a millones de personas, solo alcanza visibilidad en el seno de una sociedad cuando el perfil de las víctimas genera un alto impacto informativo y los gobiernos se ven obligados a dar respuestas en vista del riesgo que corre su capital político.Por supuesto que el hecho duele. Las características mismas del crimen son aterradoras. Fueron baleados dentro del vehículo en que se movilizaban cuando intentaron refugiarse en él, ante las amenazas de que habían sido objeto minutos antes por parte de asaltantes que, al final, los acribillaron.Pero los Berry Speer no son los únicos. En la Venezuela de 2013 murieron asesinadas 79 personas por cada 100 mil habitantes (según cifras del Observatorio Venezolano de Violencia), sin que el gobierno de Nicolás Maduro, y antes el de Hugo Chávez, encontrara cómo frenar esa galopante carrera de los efectos de la delincuencia, pese a que el asunto no es nuevo. De hecho, en 2011, el propio Chávez lanzó lo que llamó ‘A toda vida Venezuela’, una misión social del gobierno. Para entonces, las estadísticas, admitidas por el propio Chávez eran de 48 asesinatos por cada 100 mil.¿Qué proponía en ese entonces? Un paquete de medidas integrales que iban desde el fortalecimiento del aparato de seguridad del estado y una reforma al sistema judicial, más la modernización del sistema penitenciario, hasta “la convivencia solidaria entre los ciudadanos”, pasando por la atención a las víctimas.Por lo visto, el tal ‘A toda vida’ no fue más que un anuncio para ganar sintonía. Aparte de las cifras que deja la violencia de las bandas armadas callejeras, hay que decir que varias cárceles venezolanas son auténticas repúblicas independientes en las que el asunto no es si hay armas sino el tipo de ellas, entre ellas fusiles de asalto.Y el discurso de Chávez en ese momento es el mismo que ahora repite Maduro. “Es inobjetable el manejo antiético y politiquero que hace la derecha venezolana acerca de este problema. Esa manipulación genera un incremento acerca de la percepción del problema”, dijo entonces. Ahora, el gobierno de Maduro repite lo mismo, aunque se ve obligado a reconocer que fracasó el modelo, (sin reconocer que es su modelo, el suyo y el de su jefe).Como fracasa su discurso de transformación social, que es en realidad la raíz del problema, así intente disfrazar lo qué pasa en su país con señalamientos a “los antivalores que genera el capitalismo”. ¿En dónde está la verdadera redención de millones de personas a la que se comprometieron y para la que contaban con millonarios recursos sin antecedentes en la región?Y olvida además, Maduro, como de seguro lo olvidaría Chávez de estar con vida, que muchas de las armas que ahora matan a los ciudadanos en las calles llegaron a manos de esas bandas, no de cualquier manera. Son el efecto de oscuros pactos que sectores radicales del chavismo y milicias bolivarianas hicieron con la delincuencia común, para que esos ‘parches’ sirvieran de fuerza de choque ante un posible levantamiento de la oposición, en los momentos más duros de la polarización que ha vivido ese país en los últimos años.Quizás para lo que sí ha servido el caso Berry Speer es para trazar una agenda nacional, con la participación de todos los sectores. Ya veremos cuánto le dura ese espíritu a un mandatario, que si hubiera que retratar su capacidad para salir del hueco en que anda su país bastaría con el plazo que se ha trazado para enfrentar la actual crisis: dice que en un mes garantizará la paz. ¿Desaforado optimismo? Imbecilidad pura.

VER COMENTARIOS
Columnistas