Venezolanos y colombianos

Venezolanos y colombianos

Agosto 13, 2017 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

La semana pasada vi en un noticiero de televisión el titular “Cae venezolano que robaba en supermercado”. La nota estaba soportada en un vídeo de seguridad del almacén. Alguien, en la mesa en que me encontraba, se encargó del editorial: “¿Si ven?, (los venezolanos) son así, y eso que hasta ahora están comenzando a llegar...”.

Preferí morderme la lengua. Como me tocó muchas veces hacerlo en España cuando veía como telediarios y periódicos anunciaban: “Cae colombiano con alijo de coca” o “Nuevo asalto de banda de colombianos”. Admitiendo que si los delincuentes eran bengalíes, rumanos o turcos, igual ponían su nacionalidad.

Aquí hay varios riesgos. Uno, pasar de la paranoia a algún brote de xenofobia. Dos, desconocer ciertas realidades. Por ejemplo, ¿dónde más pueden buscar refugio ellos, tras lo que viven bajo el régimen del madurismo? ¿Acaso a Ecuador, Nicaragua, Argentina o Bolivia, donde fue a parar tanta plata de la bonanza petrolera que le cayó del cielo al chavismo? ¿O arrancar para Brasil, Guyana o Surinam?

Nada, su destino no puede ser otro que Colombia, lo más cercano a ellos. Como ha sido Venezuela lo más cercano a nosotros. Antes de que nos diera por irnos detrás del sueño americano o para España. Como ahora muchos colombianos se enfilan hacia Chile o Israel. ¿Cuántos millones de los nuestros se ganan la vida por fuera del país, comenzando por los que se afincaron aquí al lado, en tierra del bravo pueblo? Cualquier cifra es mentira. Casi todos son ilegales.

Uno entiende que, como dice una prestigiosa colega, “el palo (en Colombia) no está para cucharas”. Pero nadie con hambre y la crisis hasta el cuello, amén de ser perseguido político, pregunta por el PIB o por las Pruebas Pisa antes de poner pies en polvorosa. Simplemente, echa en una maleta lo poco y nada que tiene, y sale corriendo con los suyos. Lo han hecho casi todos los pueblos del mundo a lo largo de la historia.

Comenzando por nosotros, y con Venezuela como meta. Además, en varias oportunidades. Hubo desbandada hacia allá a finales del Siglo XIX por parte de liberales perseguidos. Luego, en los años 30 del Siglo XX, la diáspora fue de conservadores, en plena hegemonía cachiporra. Y después, una muy grande: la de montones de liberales en tiempos de la violencia goda. Aparte, miles y miles se fueron a buscar los mendrugos de los ricos Epulones cuando el vecino descubrió el maná del oro negro, aquel que ellos han sabido despilfarrar tantas veces.

Aparte, es una oportunidad más de pasar del dicho al hecho. Porque somos bolivarianos (por la línea auténtica de Bolívar, no la de estos fantoches que ahora usurpan su nombre), es decir, hermanos, con sus más y sus menos. O si no vean esto: tres de sus más tristemente célebres tiranos provienen de raíces colombianas.

Uno, Juan Vicente Gómez (27 años en el poder), nieto del capitán Eleuterio García Rovira, colombiano (‘Caudillos’, Mauricio Sáenz, Panamericana editorial, 2010).

Dos, el General Marcos Pérez Jiménez (seis años, de facto, más otros en los que traicionó la democracia con articulitos y componendas), hijo de Adela Jiménez, maestra cucuteña (‘Habla el General’, Agustín Blanco Muñoz, Editorial José Martí, Caracas, 1983).

Tres, Nicolás Maduro Moros, (dictador, 2017 - ?), hijo de Teresa de Jesús Moros de Maduro, nacida en Cúcuta el 1 de junio de 1929, con cédula de ciudadanía colombiana 20.007.077, expedida en Bogotá, según investigación del diario La Opinión de Cúcuta.

Entonces, esto no debe ser otra cosa que la aplicación del “hoy por ti, mañana por mí”. A la final, “donde comemos dos, comemos tres”. Claro está, mientras Venezuela vuelve a la normalidad, lo que no se ve claro cuándo será, menos con el dudoso aporte de quienes creen que la salida es intervencionista o militar.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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