Trujillo

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Trujillo sigue ahí, donde siempre ha estado: en medio de la memoria...

Trujillo

Octubre 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Trujillo sigue ahí, donde siempre ha estado: en medio de la memoria del duro pasado y con la esperanza puesta en el mañana. Y a la vez, de cara a su dura realidad, a la que hace caso omiso. Quizá, porque Trujillo siempre se ha visto obligado a echar para adelante.Y vale decir que ahora lo está haciendo otra vez, sólo que con resultados sorprendentes. Aunque para comprobarlo no basta con que uno lo cuente aquí. Hay que ir a verlo, a sentirlo, a tocarlo…Entender, además, que esto es mucho más que consecuencia de la actual administración local, sobre la que no tengo reparo alguno. Y también es más que el resultado de iniciativas de los gobiernos departamental y nacional. A ellos, más allá de lo que estén haciendo, les falta prestar más atención a un municipio que tiene todos los derechos para reclamarla. Porque si algo ha pagado históricamente Trujillo (con lágrimas y sangre) es estar tan cerca de todo y tan lejos de las preocupaciones oficiales. Es hoy Trujillo vivo testimonio del empuje de sus gentes, conscientes de que este es el momento de entrar en una nueva era: la del Trujillo que debe y puede proyectarse regionalmente como epicentro de muchas cosas buenas.Visto así, puede resultar demasiado optimista. Claro, ¿cómo dejar de lado los tiempos de todas las violencias y creer que ahora sí se puede? Sencillo (no, ni tan sencillo), con el testimonio de los hechos.Lo dije hace unos días en otro medio de comunicación y lo repito aquí, como se lo he dicho a mucha gente, quizás en aras de cambiar ese imaginario que persigue al pueblo: en lo que va corrido de este año, al menos hasta agosto pasado, iban tres homicidios. Lamentables todos, por supuesto, pero casos aislados, de una parte, y bien distantes, en número, de los terribles tiempos de antes.Sí, hay que tomarlo con pinzas. Y, dirá usted, de eso tan bueno no dan tanto. De acuerdo: las sombras, sombras son. Trujillo lo sabe y por eso merece acompañamiento. Eso que llamamos institucionalidad, mucho más que un discurso, una visita o una carretera pavimentada (que va lenta, pero va bien).Acompañar es velar, día y noche, para que el bienestar y la tranquilidad se vuelvan costumbre. A ver si lo hacen bien esta vez quienes tienen esa responsabilidad. ¿Dónde están los filones actuales? Por fortuna, en muchos frentes. En el café trujillense y sus características únicas. En las organizaciones campesinas que transforman la fruta y las hacen materia prima para procesos industriales. En el turismo, comenzando por el rural que pronto se convertirá en destino apetecido. En la educación misma, en ese macrocolegio que está en marcha y que, cuando se inaugure, abrirá otras posibilidades a los jóvenes de la región. Y, ya está dicho, en la gente. En la que se quedó a ponerle el pecho a la tormenta y ahora, tras los dolorosos, merece los gozosos. A los que se marcharon y ahora vuelven a que les retornen lo que les habían despojado. La Unidad de Tierras ha entregado ya 695 hectáreas en las que la vida ha vuelto a retoñar.Claro está, falta mucho. En verdad, en justicia, en reparación. Y hay que transformar completamente las condiciones laborales de la gente que se echa todos los días la montaña al hombro todos los días. Con salarios de hambre nunca habrá paz.Pero el Trujillo de hoy es otro. Y será más otro si usted, amigo lector, comienza por quitarle el estigma. Vaya, tómese un café en ese parque que siempre tiene una banca libre, atisbe las montañas y, luego, eche a andar monte arriba. Después, haga esto: cuéntele a todo el mundo que Trujillo es el paraíso que va a volver del más allá.Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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