Tropel en el ‘Atanasio’

Mayo 23, 2016 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

“Reconozco que me equivoqué, pero cuando se meten con tu color (de piel) es feo”. Esas, las palabras de Orlando Berrío, jugador del Atlético Nacional, tienen las infaltables dos partes de disculpa que se respete: sí, la embarré, pero usted entenderá que…Al final, la gente se queda con lo segundo, es decir, ‘entender’ que luego del maltrato del que habla el jugador del Atlético Nacional por parte de sus rivales de Rosario Central, él, Berrío, no tenía otra que soltar esa carga de revanchismo que vimos tras el gol decisivo de la clasificación.¿Por qué debemos “entender” a Berrío? ¿Porque sus adversarios le habían dicho “negro”, imagino, acompañado de algún epíteto? ¿Porque en Rosario, en el partido de ida, los ofendieron desde la platea? ¿O porque hay cierto ‘clima’ que rodea este tipo de partidos? Quizás, todas juntas. La Copa Libertadores ha ido creciendo peligrosamente en materia de temperatura. Al final, ahí confluyen millonarios intereses de organización, equipos, patrocinadores, televisión, jugadores y cuerpos técnicos, medios de comunicación e hinchas, estos últimos más en condición de instrumento que de cualquier otra cosa. Entonces, si es necesario promover el espectáculo a la categoría de ‘vida o muerte’, se hace. Eso sin contar otros ingredientes que caminan por debajo. Desde el nacionalismo exacerbado hasta el regionalismo enfermizo, pasando por la rivalidad histórica que fermenta fanatismo puro y odio. De ahí no hay más que un paso al racismo y a la xenofobia.Pero en el fútbol, como todo en la vida, la forma determina buena parte del fondo. ¿Alguien le dijo a Berrío “negro” y “feo” y que tenía “mal aliento” (lo reconoció Sosa, el arquero rival) esa noche en la cancha del Atanasio? Ya sabemos que así fue. Pero, por ejemplo, en el mismo partido, uno quisiera saber qué fue lo que le dijo Alexis Henríquez, jugador del Atlético Nacional, a Marco Ruben (así, sin tilde), delantero de Rosario Central. ¿Acaso “argentino…” y un detallito más?Henríquez no nos lo va a decir. Como tampoco Ruben. En el fútbol, lo que pasa en la cancha, se queda en la cancha, al parecer con las excepciones de Berrío y Sosa. Y mucho menos, se tira a la tribuna, porque allí somos menos racionales. Eso, señores, es gasolina en medio de un incendio. Atlético Nacional dejó en el camino, y de manera justa, a Huracán y Rosario Central. Y ambas series han terminado en escándalo. ¿Ha sido por exclusiva culpa de dos equipos señalados de ‘malos perdedores’? Creo que hay que aprovechar la condición de local, pero, cuidado con generar un ‘clima’ que puede terminar mal (‘clima’ que les aprendimos a los argentinos, que, pésele al que le pese, también nos enseñaron a jugar al fútbol). Y ese ‘clima’ está hoy ahí, en el límite entre la fiesta y el riesgo de que ella se desborde. En eso, los protagonistas deberían entender la alta cuota de responsabilidad que tienen.Además, hay que revisar si un simple partido de fútbol nos permite concluir cómo son los demás. Ahora, sin excepción, todos los argentinos son “agrandados”, “pendencieros” y “verseros”. Agrandados, pendencieros y verseros hay en todos lados. Como colombianos buenos y argentinos buenos hay por montones.No voy a decir aquí que le voy a hacer fuerza a Atlético Nacional para que sea campeón de la Copa Libertadores, (ese es otro código del fútbol, el del hincha ajeno). Pero sí anhelo que ahora cuando venga Sao Paulo todo termine en fútbol y no en tropel. Como anhelo que la gente de Nacional, apasionada como lo somos todos, esté preparada, igual, para ganar y celebrar, como para perder y resignarse. Sobrero: Hasta siempre a Jorge Consuegra, el hombre que nos enseñó a amar los libros sin distingos de autores ni sellos editoriales.

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