Sin debates

Sin debates

Abril 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

La campaña presidencial sigue pasando casi de puntillas. Quedan apenas cuatro semanas para la primera vuelta y creo que buena parte de los electores, aquellos que los encuestadores llaman indecisos y que marcan alto aún pese a la inminencia de las votaciones, no tiene aún claridad sobre cuál es el hombre o la mujer que merece su voluntad en las urnas.Ojalá eso respondiera al hecho de que hay mucho para escoger. Y no me refiero a los candidatos y sus fórmulas vicepresidenciales, todos me merecen el mayor respeto, sino al desconocimiento de los programas Porque una cosa es la propaganda, reducida a unos mensajes que intentan sensibilizar antes que contar, y otra ese paquete de propuestas para el modelo de país que pretenden o sueñan.Hablo desde la esquina del voto de opinión que, no se equivoquen, es grande y cada vez más determinante en esta instancia, la presidencial. Es más, creo que, pese a la baja votación que se prevé, la incidencia del voto de opinión será mayor que en lucha alguna por período presidencial en la historia de Colombia. Eso no quiere decir que los caciques se vayan a echar a dormir, pero su influencia será mucho menor que en otras oportunidadesEs claro entonces que, ante la ausencia de mayor espacio para las ideas, la decisión se reducirá al tema que más polariza: la consecución de la paz (todos dicen tener su propia fórmula), mientras asuntos como el empleo, la educación de calidad, la salud, la justicia, la seguridad, entre otros, que viven a diario en la cabeza de los colombianos, se convertirán casi que en actores de reparto.Claro está, sin auténtica paz no llegará todo lo demás. La pregunta, para la cual cada uno tiene su respuesta, es cuál es el costo que estamos dispuestos y preparados a pagar por ella. Pero nos quedamos cortos en ilustración. En ese sentido, cuánto hubiesen aportado los debates amplios y públicos para que gente sopesara los programas y, aparte, conociera la capacidad de los candidatos de afrontar el giro de los hechos, no con libreto en mano sino con eso que ahora llaman inteligencia emocional. Incluso, son esos debates la mejor forma de atajar una bola de nieve que sigue creciendo. Hablo del juego sucio que parece tomar cada vez mayor dimensión. Los candidatos deberían evitar afirmaciones que no tengan ningún tipo de sustento. De cuántas dudas podríamos salir en esos cara a cara que representan en otras naciones la forma más sana de medir capacidades y propuestas. No saben el daño que se le hace a una sociedad cuando se niegan esos espacios. Ya es tarde, aunque no sobraría un esfuerzo de última hora por parte de los medios de comunicación (sin distingos entres impresos, electrónicos o digitales, y sin odiosas pretensiones de exclusividad) para convocar un par de debates sobre temas muy puntuales, junto al de la paz, que le permita a este país enterarse y, de paso, motivarse, en torno a unas elecciones que no merecen pasar a la historia como las más apáticas de los últimos tiempos.Eso sí, no se preocupen para cuando llegue la casi segura segunda vuelta. Entonces, los asesores de las campañas que clasifiquen a la recta final serán los primeros en recomendar el tinglado, no tanto para que la gente sepa por qué votar sino para poner en funcionamiento el fashion, eso que significa su auténtica preocupación. ¿Será mucho pedirles a ellos, los calculadores amos de la imagen, se dignen prestarnos sus candidatos a los ciudadanos para que nos hablen, y se hablen, de frente, antes del 25 de mayo?

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