Sanción social

Marzo 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Debo decir que Nicolás Gaviria, aparte de arribista y agrandado, es un hombre sin suerte. Sí, un tipo de malas, porque esa misma noche, mientras andaba imponiendo la ley del más fuerte a punta de soberbia y mentira (otros lo hacen a su estilo), quién sabe cuántos hacían lo mismo en uso del tal “¿Usted no sabe quién soy yo”? La diferencia está en que a él lo grabaron. Gaviria no es, ni mucho menos, la excepción. Y es que el “¿Usted no sabe quién soy yo?” no solo sirve para amedrentar. También se utiliza, y mucho, para abrirse paso ante vigilante, secretaria o portero, que deben soportar la frasecita como escudo para abrir paso a alguien en trance de importancia, por encima de los derechos de quienes hacen cola o esperan turno en cualquier lugar público. Para convencer de que debe ser así, se utiliza al menos uno de los tres siguientes recursos. Uno, “es por razones de seguridad” (si va con escoltas, el argumento funciona de una). Dos: “déjeme pasar que esto no arranca sin mí”. Y tres, amenaza marca Nicolás Gaviria: “Bueno, aténgase entonces a las consecuencias, ¿cómo es que se llama usted?” Y hay una cuarta, efectiva, el efecto carné. Carné de lo que sea. De acuerdo, también el de periodista. El damnificado, el ciudadano de a pie, que no carga jamás un “¿usted no sabe quién soy yo” o no ocupa, o no ocupó, un cargo de esos que generan visibilidad o prestigio, debe ceder su lugar a ese personaje “importantísimo” que ahora pasa delante de todos mientras deja una estela de suficiencia. Sí, una cosa es irrespetar a la autoridad como lo hizo Gaviria (lo que debe terminar en el castigo que contempla el código penal) y otra es solo ganarse un puesto en uso del trance de importancia. Pero en el fondo es la misma vaina. Por eso el antídoto debe ser igual: la sanción social. Miren, quién sabe si a Gaviria le vaya a caer encima el peso pluma de la ley de este país, pero es evidente que el hombre ya pagó caro con el rechazo y condena de que ha sido objeto en redes sociales similares. De aquí en adelante él (eso esperaría uno, ¿no?) y quienes caigan en la tentación del “¿Usted no sabe quién soy yo?” ya saben a qué atenerse.El control social es la gran lección que nos deja el caso Nicolás Gaviria. Su práctica, la de poner en evidencia a quienes olvidan los mínimos derechos de los demás, debería extenderse a muchas más acciones condenables a las que nos hemos ido acostumbrando por la sencilla razón de que no tienen castigo en los tribunales. Esos juerguistas que espantan el sueño de los vecinos sin contemplar que entre ellos hay niños y personas de la tercera edad; aquellos que dejan a sus mascotas sin control en zonas comunes; los maltratadores, y maltratadoras, profesionales,; quienes hacen ‘bullying’ con la altanería de guapos de la cuadra; los especuladores que arman carteles de productos de consumo masivo, y tantos otros, deberían ser objeto de sanción social. Esa misma sanción que le cayó encima a la señora Cho, vicepresidenta de una aerolínea en Corea del Sur, a la que hice referencia hace unas semanas www.elpais.com.co/elpais/opinion/columna/victor-diusaba.../senora-cho. Tras una ola de indignación nacional y de condena, por su particular uso del “¿Usted no sabe quién soy yo?”, ella debió pedir perdón ante el país entero, antes de ir a pagar un año de cárcel por su abuso. En medio del mal ejemplo de magistrados y servidores del poder judicial (no de todos), la sanción social se convierte en el único castigo que, por lo visto, puede lograr lo que hasta ahora parecía imposible: disuadir y enseñar. ¿A qué le aplicaría usted sanción social?

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