Quiero creer…

Septiembre 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Quiero creer que los anuncios del miércoles pasado en La Habana son la señal de que el proceso de paz con las Farc es más que una ilusión y que estamos cerca de poner fin a esta horrible noche. Quiero creer que, a más tardar, el 23 de marzo de 2016 pasará a la historia como el día en que la paz entre un Estado lleno de defectos -pero Estado al fin y al cabo- y la guerrilla más vieja y más retardataria de América Latina, es un hecho.Quiero creer que esta paz en ciernes, una de las tantas paces que anhelamos para esas otras guerras que no siempre surgen de las bocas de los fusiles sino de la iniquidad y la falta de oportunidades, abrirá el camino a una nueva etapa de la vida nacional. Solo la voluntad y la transparencia de las partes permitirá que lo escrito y firmado hoy no se quede en el papel mañana sino que se convertirá en el motor del cambio para tantas regiones martirizadas, aparte de aisladas y estigmatizadas. Quiero creer que esos enemigos agazapados de la paz de los que hablaba Otto Morales Benítez, aquellos que siempre han sabido moverse en la oscuridad, quizás porque son la oscuridad misma, pertenecen al pasado. Y que sí de todas maneras tienen herederos dispuestos a irrumpir con violencia para buscar echar reversa a lo que no lo tiene, no tendrán abrigo de una sociedad cansada de la muerte, cualquiera que sea la consigna tras la que ella se escude.Quiero creer que el Gobierno nacional va a defender este proceso en el terreno de las ideas y no de las descalificaciones. Sí, la paz es el bien superior, pero quienes ofician de críticos de la forma cómo se ha venido construyendo este acuerdo no necesariamente son enemigos de la paz. Pero también quiero creer que la oposición va a ser sensata para señalar dónde están los presuntos riesgos y vacíos, antes que entrar a torpedear con juego sucio, aquel de echar a rodar falsas versiones en las redes sociales para luego esconder la mano, como ya pasó y cómo no sería raro que siga pasando.Quiero creer que la pena a que serán condenados quienes hayan incurrido en delitos de lesa humanidad se va a cumplir, más allá de que no consista en cárcel, dentro de la definición tradicional de celda y barrotes. La cúpula de las Farc la va a sacar barata, como la van a sacar barata esos otros sectores que también entrarán en este proceso, pero sería el colmo encontrarnos con que, aparte de la relativa comodidad de sus lugares de confinamiento, terminen viviendo en algo así como Tolemaidas resorts.Quiero creer que la dejación de armas de las Farc es eso y nada más. Quiero creer que este sapo que estamos a punto de tragarnos, como nos tragamos no hace mucho el de los paramilitares, es la cuota inicial para que el ELN entre en un proceso de paz que no puede ser tan largo y agotador como este, sino que debe partir de muchas de las lecciones aprendidas en La Habana. Quiero creer que, como colombianos, no podemos dejar pasar de largo las reacciones positivas que la comunidad internacional ha dejado saber frente a lo que pasó el miércoles en La Habana. Quizás ellos están viendo el bosque que nosotros, incluso trepados en los árboles, no somos capaces de ver.Quiero creer que la frase aquella del papa Francisco sobre que nuestra preocupación por las personas debe estar por encima de las ideologías, tiene en estos momentos un destinatario, nosotros mismos.Quiero creer que, como vamos, la paz, esta paz, está pronta a estallar. Quiero creer que no estoy equivocado.

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