Petro…

Petro…

Marzo 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Gustavo Petro sigue contra las cuerdas. Las decisiones de los últimos días del Consejo de Estado y del Consejo Superior de la Judicatura significan el conteo final para una salida a la que solo parecen quedarle días y, quizás, horas. A la par, la ciudadanía bogotana en general toma con distancia el asunto de la crisis en el segundo cargo de la Nación. Sus afanes tienen que ver con la cotidianidad; cómo sobrevivir al peor momento de Bogotá en muchos años. Aquí lo importante es saber qué lecciones deja este largo fracaso, ese mismo que no nació con Petro, y aprender de ellas. Incluso, en el hipotético caso de que el Alcalde se quede y termine su mandato. De hecho si fuese así, no tendría siquiera tiempo de corregir sus errores. Bueno, en el aún más hipotético caso de que los admitiera.La primera de esas lecciones es la necesidad de que, quienes aspiren al poder, se preparen para gobernar. Claro está, mientras a la vez hagan la política desde dónde la quieran, o la puedan, hacer. Gustavo Petro alcanzó una dimensión importante en este país en ejercicio del control político. Pero una cosa es eso y otra es administrar. El Petro del Congreso se diluyó en la Alcaldía. No tuvo capacidad de gestión y, lo peor, sacó a patadas a quienes quisieron darle una mano. Entonces, lo que pudo ser un espejo de Lula o de Bachelet, terminó siendo una mala copia de Chávez, con perdón de Chávez.¿Quieren un ejemplo de ineficiencia? Pasó esta semana que termina, en medio de las protestas por el mal servicio de TransMilenio? Petro puso la cara en uno de los portales. Pero en cambio de solucionar el problema de cientos de personas que solo pedían una solución inmediata al afán de llegar a sus sitios de trabajo, el hombre se trepó en el techo de un carro policial para hablar, durante horas, de contratos con los operadores, de metro cuadrados por pasajeros y demás (de eso mismo que no habló durante los 26 meses anteriores en el cargo), como si anduviera en campaña.Segundo, quienes debieron desde un principio monitorear cómo iba la ciudad, miraron para otro lado, el de sus propios intereses. ¿Hasta cuándo en este país la inmensa mayoría de los concejos y de los concejales van a seguir siendo ese instrumento tan práctico de la politiquería?Tercero, ¿Por qué, no solo en el caso de Petro sino en el de todos los partidos, los dirigentes se ponen en la foto de las campañas, para, luego, cuando viene la tempestad, sacar el cuerpo? Es decir, las colectividades (ahora alianzas y cosas parecidas) no pagan precio alguno por el fracaso de quienes, a nombre de sus banderas, consiguieron el poder. Simplemente, tras el fracaso, aparecen de nuevo como alternativa sin dar ningún tipo de explicación, como si no hubiera pasado nada.Con Petro sucedió algo que no vale la pena olvidar. Tras ganar el derecho a su candidatura y triunfar en las elecciones, poco a poco, fruto de sus errores (y no de complot alguno, señor alcalde), se fue quedando solo, muy solo. Pero una vez apareció en escena el procurador Alejandro Ordóñez, muchos de sus antiguos compañeros de lucha salieron a defender al alcalde. Hasta ahí, normal y entendible. No faltaron los que se treparon en el balcón de discursos del Palacio Liévano a mostrar su solidaridad. Si las elecciones de ayer no hubieran estado a la vuelta de la esquina, me hubiera parecido un ejemplar acto de solidaridad. Pero no es otra cosa que oportunismo. Ya veremos si llega a caer, hasta dónde iba la tal camaradería.Y la quinta es corta: el tiempo perdido, dice el refrán, los Santos lo lloran. Ojalá no sea simple feria de vanidades en plena coyuntura electoral…

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