Periodismo para creer

Noviembre 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

“La mentira y la falacia son los dos grandes enemigos de la política, del periodismo y, en general, de la convivencia humana. Y de un tiempo a esta parte, Internet, las redes sociales y el populismo han matado la verdad, creando una sociedad en la que cualquier información se convierte en realidad, aunque sea falsa…”Como en los viejos tiempos, he decidido recortar y guardar el artículo publicado en la edición de papel del diario El País de España donde figura tal afirmación. Me asalta el temor de que mañana algún loco con alma de hacker haga cierto retoque a la versión digital del mismo texto y termine poniendo en boca de su autor (el periodista español Javier Ayuso) no sé si todo lo contrario o eso mismo, pero con ciertos matices. Sí, lo acepto, quizás es un poco esquizoide de mi parte, pero cada vez me fío menos de lo que camina por la red. Y ni hablar, como lo dice Ayuso, de las tales redes sociales, hoy, crème de la crème de la ligereza.Nada más, ocho días atrás, el 30 de octubre, recibí en uno de los seis grupos de chat en los que (por pendejo) me he dejado meter, la anticipación - presuntamente científica y avalada por un tal Servicio Sismológico Nacional – de que era inminente un sismo de 8,6 grados (no decía de cuál escala) -, con las consabidas recomendaciones de apertrecharse de todo lo necesario. No presté atención. Suficiente tenía con que fueran las 9 y 42 de una noche dominical para buscarme alguna preocupación adicional. El lunes vine a saber que sobraron los tontos que anduvieron en vela a la intemperie, seguros de la veracidad de esa cadena de infundio. Lo lamento, pero bien merecido lo tienen. Eso, que bien pudo haber despertado una ola de pánico, pasó de largo, quizás porque hoy las cosas se producen y se borran con la misma rapidez. Igual, en ese nada despreciable escenario de esas nuevas formas de comunicación cotidianas sino en el que debería ser el sagrado terreno del periodismo. Claro está, el problema no es la herramienta (internet) sino el mal uso que se hace de ella. Atrapado entonces en la telaraña de la inmediatez, este oficio ha terminado ser más todo lo incierto que consumimos minuto a minuto que lo que alguna vez nos mereció tanto respeto. ¿Queda algo por hacer para salvar el periodismo? Sí, creo que sí. Se lo pueden preguntar a quienes aún, contra los vientos que cada vez más soplan en sentido de la irresponsabilidad, se empeñan en llevar la contraria y lo edifican sobre el piso firme del rigor y no encima de la deleznable arena del rumor, la superficialidad y la complacencia. En ese sentido, es un acierto la decisión del jurado del Simón Bolívar 2016 de premiar seriedad y responsabilidad; pero ante todo, compromiso con la verdad. Y lo es aún más en el trabajo de un periodista como Hugo Mario Cárdenas, comprometido con el ejercicio de la investigación y quien desde este diario ha hecho grande un título cada vez más escaso: el de reportero. Así cargue usted hoy, Hugo Mario, los galones de editor, esos que, todos sabemos, deja colgados en el perchero para irse al frente, a pisar los terrenos que pocos se atreven.Esos mismos terrenos en los que tampoco ha echado pie atrás Alfredo Molano, un maestro (y un reportero) que ha sabido navegar igual en las aguas de la información y la opinión. Alfredo es uno de esos sobrevivientes a los odios que pueden matar todo, menos la verdad. Dos casos que nos renuevan la fe en que sí hay mañana para aquello a lo que apostamos una vida, el periodismo.Sobrero: El beisbol nos regaló el mejor partido de cuantos hayamos visto en años y años de fidelidad a la Serie Mundial: la épica victoria de los Cachorros ante los Indios en el séptimo juego. Inolvidable es poco. Incomparable, también.Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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