Oleada cubana

Diciembre 07, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Ahora que Cuba le ha puesto cerrojo a la salida de sus médicos de la Isla, uno entiende aún más la tragedia de centenares de sus compatriotas que han abandonado el país en los últimos meses y que hoy están enredados, con sus morrales y sus sueños de libertad, en una telaraña que corre por el norte de Suramérica y se extiende a buena parte de Centroamérica. Valga recordar que esa oleada surgió hace varios meses en medio de la decisión de Ecuador de no pedirles visa. Ahora ya no será fácil. A partir del 1 de diciembre Rafael Correa ha extremado los requisitos, con el propósito de hacerlos desistir de llegar a los Estados Unidos por un sendero que comienza en Quito, trepa por nuestro territorio para ingresar a Panamá y luego busca abrirse paso en Centroamérica desde donde pretende llegar al Río Grande. Esta diáspora no tiene las dimensiones de los tiempos del Mariel ni la posterior estampida de los balseros a comienzos de los 90. Son ‘apenas’ unas cuatro mil personas las que andan atrapados en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua, a la espera de que los antiguos compañeros sandinistas les permitan su paso. Ya deberían saber ellos, los cubanos, que ahí durarán un largo periodo o deberán intentar una nueva ruta. El humanitario Daniel Ortega les ha cerrado el paso con el pretexto de que hay una invasión y violación de su territorio.Ahí es cuando uno termina por convencerse de que son tan grandes los nubarrones en el horizonte de los inmigrantes como los fallidos acuerdos políticos que faciliten una salida rápida y digna para tanta gente. Hubo hace unos días una cumbre diplomática a la que concurrieron los países involucrados en esa ruta, incluidos representantes nuestros. Allí no prosperó nada, pues cada país quedó con la potestad de tomar la decisión más conveniente a sus intereses. Eso es América Latina, cada vez más unida en las cumbres, cada vez más un rompecabezas desarmado en la realidad. Y dudo mucho que Estados Unidos, tal y como lo pretende Cuba, ponga fin a la famosa ley ‘pies secos/pies mojados’ (palabras más, palabras menos: se le da abrigo a quien toca tierra firme americana, vuelve a Cuba aquel que sea sorprendido en el mar). Ni sucederá, ni quienes quieren marcharse desistirán. El castrismo sabe que la calentura no está en las sábanas de una figura como esa, sino en la situación de su pueblo, dispuesto a preferir estas caras aventuras de escapar antes que seguir soportando las apreturas diarias que inspiran la partida.Ahora que la segunda ronda de negociaciones migratorias entre Estados Unidos y Cuba desembocó en el tema de esta oleada y que Daniel Ortega (quien acaba de anunciar su candidatura a una tercera reelección) le hace el favor a Raúl Castro de dejar por puertas a estos inmigrantes que no parecen importarle a nadie, queda claro que la mezquindad de la polarización, por un lado, y el importaculismo de muchos, por el otro, le echan picaporte al tema y, lo más grave, tiran la llave al mar. ***Sobrero: La decisión de la Superintendencia de Industria y Comercio de tratar de ponerle tatequieto a la publicidad engañosa, sería bueno saber si las muy poco atractivas cuñas en la tele sobre los problemas en las uñas de los pies corresponden al poder curativo de los productos que se exhiben. Ahora bien, si alguien antes nos hace el favor de sacarlas de circulación por físico mal gusto, mejor.

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