‘Obamitis’

‘Obamitis’

Enero 09, 2017 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Tengo ‘Obamitis’. No ahora, desde hace rato. E igual me hubiera atacado ese estado de ánimo fuese quien fuese su sucesor. En el fondo, lo que me pone así es la partida del poder de un hombre que como pocos, desde una posición tal, ha sabido servir antes que ser servido.Y por cuanto otros serán los tiempos a partir del 20 de enero, pues no queda otra que evocar estos años en los que él y Michelle fueron capaces de demostrarnos que, parodiando a Antonio Machado en su poema ‘Retrato’ , aún queda sobre la tierra gente, en el buen sentido de la palabra, buena.Digo, en especial a ese nivel. Barack Obama, siempre con la compañía de su mujer en la tarea de sabio Sancho, apuntó a la construcción como política de gobierno. E incluso antes de las elecciones, porque si algo pasó con su llegada a la Casa Blanca fue demostrar que el mundo sí está en capacidad de cambiar, de reinventarse. Que las cosas, ni las buenas pero mucho menos las malas, son eternas. Esa victoria reivindicó a millones de personas. No solo a los negros sino a muchos excluidos.Claro está, luego vinieron los desafíos, ante los que Obama fue, antes que símbolo, un líder sin discusión.Y es que así como a un mandatario se le mide por sus resultados concretos, también se le evalúa por la capacidad de leer a esa sociedad en la que le correspondió vivir y administrar para, en consecuencia, tomar decisiones que van más allá de su mandato. Esas que transforman y proyectan a los nuevos tiempos. En otras palabras, que ayudan a hacer un mundo mejor. La diferencia entre el ave de paso y el estadista.Obama es un grande. Lo puede ser por su tarea de concordia a la que se le puede llamar Cuba, Irán, Vietnam, Hiroshima e, incluso, el Guantánamo a medias, con todas las oposiciones que tuvo que vencer. Y Colombia, claro que sí. No, en cambio, Siria, donde hubiese querido tener otros resultados. O Yemen. O Iraq. O Afganistán.De cal y de arena, como todos, pero con la diferencia de poner la cara y llamar las cosas por su nombre, eso que tanto les cuesta a los políticos, sobre todo cuando de reconocer los reveses se trata.Pero si algo hizo Barack Obama fue, con los matices del caso, buscar convertir a los Estados Unidos en una sociedad más justa. Y eso nos toca directamente, porque parte de los damnificados de esa injusticia se apellida como nosotros. A esos millones de latinoamericanos, como a otros millones de inmigrantes, ahora todos contra las cuerdas, el Presidente buscó mejorar sus condiciones, como lo quiso hacer con los más pobres de su Nación.Sí, no pudo ir más allá de donde le marcaron esa línea que los grandes poderes trazan allí y en todas partes. Vean como el Obamacare está a punto de pasar a la reserva. Pero las grandes conquistas de la humanidad comienzan así, con un paso. Y Obama lo dio.Al hombre liberal, en la verdadera extensión del término, que se atrevió a ir de frente al oscurantismo, no se le puede decir otra cosa diferente que nos va a hacer falta. Sobre todo a quienes, como él, creemos que no es hora de rendirse porque entonces “cedemos un mundo mejor” a quienes “con dinero y poder ganarán más control sobre las decisiones que podrían mandar un joven soldado a la guerra o dejar que ocurra otro desastre económico, o perder los derechos de igualdad o derechos de voto que generaciones han conseguido con su lucha e incluso con sus vidas”.Porque entonces, como lo advierte él, aparecerán las voces que pedirán que “nos refugiemos en nuestra tribus, que otros ciudadanos sean el chivo expiatorio, un grupo que no se parezca a nosotros, o que no rece como nosotros, o que no vote como nosotros, ni comparta los mismos orígenes”.Tengo ‘Obamitis’. Thank you, mister.Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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