Niños y vampiros

Niños y vampiros

Abril 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Vuelve a estar en primer plano la cruda realidad de millones de niños colombianos, víctimas inacabables de explotación y maltrato por parte de todo tipo de prácticas criminales, en las que ahora mafias se especializan cada día más.Ahora, delincuentes encubiertos tras fachadas de carácter legal no dejan de sorprendernos con redomadas y escabrosas formas de abuso, en toda la extensión del término, en las que, nos tardarán en demostrárnoslo, aún no tocan techo.Como a usted, las imágenes de lo que sucedió en esa escuela de Aguachica, Cesar, sacan de uno lo peor, debo reconocerlo, cuando la injusticia pasa ante los ojos y no hay más que impotencia. No sé qué duele más. Si verlos posando para la cámara con ese plato de comida que jamás será de ellos, al menos ahí, en el lugar que estudian y al que deberían acceder por simple derecho a esa política pública de alimentación complementaria. O esa otra imagen, la de las palmas de los niños que reciben esa limosna de un patacón microscópico, al que le suman un amasijo de no sé qué vaina, quién sabe hecha cómo y con qué.Pero enerva más, la sonrisa que advierto en la mujer que se presta para hacer, primero, la más cruel de las pantomimas que ser humano pueda elucubrar y, luego, sonríe otro tanto mientras administra de forma miserable las raciones, sin que, evidentemente, aquello le altere el pulso. Ríe la señora, no sé de qué carajos ríe, pero ríe. Con los lentes deportivos trepados en la cabeza y la ropa acorde para el día de sol, teatro e infamia.Ríe, pero no tanto como debe reír el contratista y vampiro. Y como deben reír muchos más de su especie. Porque con esto de los contratos oficiales de la alimentación sí que deben reír unos cuantos. No solo con los niños como víctimas, sino con adultos mayores y otros damnificados de un negocio bastante turbio, en los que también figuran los reclusos de nuestras cárceles. Esa es una historia por contar.El de los estudiantes de Aguachica es un caso más. Uno, no sé de cuántos. Entonces, entre los estudiantes inexistentes que el Ministerio de Educación denuncia a diario y el negocio criminal que algunos operadores han montado sobre la mesa de la alimentación de los niños, no queda otra conclusión que este país Herodes sigue su curso, sin que eso detenga el reloj del Estado.Por supuesto que estamos en proceso de paz, y ahora por partida doble. Y que el debate de Isagen debe darse, así el gobierno sepa que lo va a ganar por aplanadora. Y que, como pasó con los billetes de 500 euros (casi todos los europeos los conocieron por la tele), ya tenemos un nuevo indicador de riqueza o de pobreza -depende cómo se quiera ver- con los billetes de100 mil pesos. Y el apagón ya no es, pero casi… Sí, todo eso y mucho más. Pero no considerar la situación de la niñez en Colombia, comenzando por los casos de desnutrición y muerte y sumando lo que nos llega a diario, como el primero de tantos asuntos, habla muy mal de lo que somos. De lo que somos todos, comenzando por quien escribe. Este no es un asunto exclusivo de quienes mandan en un país donde casi siempre se ha mandado mal. Esta es responsabilidad de todos. El gesto de la profesora de Aguachica que denunció al país lo que pasaba allí es el primer paso. Si su grado de sensibilidad sobre el tema comienza por la destinación de los impuestos que paga, haga respetar ese derecho. Pero acepte que no basta con eso. Tenemos muchos estigmas, no gratuitos, encima, como para colgarnos uno más, el peor de todos: ese país Herodes ante el cual solemos pasar de largo. ¿Cuánto está dispuesto usted a hacer por los niños, comenzando por los de esta tierra?

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