Miedos

Noviembre 23, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Me atrevo a anticipar que el miedo será uno de los personajes mundiales del año, lo que no deja de ser injusto. Suficientes merecimientos –ya sea por sus obras o por su incidencia en la vida de todos nosotros- tienen, entre otros, el papa Francisco (revolucionario y, no lo niego, mi favorito); Vladimir Putin (y su obsesión de reconstruir un imperio), Barack Obama y los hermanos Castro (tras el fin de la era del hielo); la enigmática Irán y el pacto nuclear; cómo no, los bárbaros del Estado Islámico (así no tengan nada de Estado y mucho menos de Islámico); y la caída de los precios del petróleo (con sus efectos sobre las economías de todos los colores), como para que al lado les resulte tan incómodo competidor.Ahora bien, si uno se pone a sumar y restar en torno a ellos mismos y a sus decisiones, son más los temores que las certezas los que asoman en el contexto.Claro está, si algo saca miedo hoy, tras los hechos de París, es el Isis y su verdadera capacidad para hacer más daño (ya se habla de armas químicas), más aún cuando los organismos de inteligencia reconocen sus imitaciones para afrontar un fenómeno que solo se hace visible un segundo antes de matar. En definitiva, ¿Es el Isis un problema mayor al miedo que mete?Sobre el Papa y la transformación de la Iglesia Católica, uno podría decir que ahí subyacen dos grandes temores. Uno, el de quienes temen que dichos cambios terminarán por desvirtuar los principios de tradición que por siglos han regido a esa confesión religiosa. Otro, el de quienes nos preguntamos si los nuevos vientos que soplan desde la llegada de Jorge Bergoglio alcanzarán para llevar la barca a buen puerto. Ya sea por aquello de “Con la iglesia hemos topado, amigo Sancho”. O porque los alcances de las reformas son más de forma que fondo.En el caso de Putin, el hombre encarna el miedo mismo.  Él mismo, con sus hechos, le da razón a los temores que despierta. La pregunta es: ¿hasta dónde llegarán las ambiciones del señor Putin? O lo que es lo mismo: ¿Quién no le teme al señor Putin?¿Hay acaso miedos sobre los efectos del restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba? Pues sobre los efectos inmediatos, aparentemente no. El anuncio ha caído de pie en el seno de la comunidad internacional, y aparte de algunos protestas en cuatro o cinco cruces de calles en Miami, no hay de qué preocuparse. Pero ¿cuánto está dispuesto a cambiar el modelo de los Castro para beneficio de los cubanos de a pie? ¿Y si los republicanos recuperan el mando, mantendrán el espíritu de Obama sobre el tema?En lo de Irán, uno ya sabe en qué suelen terminar sus forcejeos internos entre religión y política. Así que es mejor hacerse las ilusiones justas, muy justas. Y sobre economía y petróleo, no lo duden: de todos los miedos, ese es el más fundado de todos.Víctor Hugo decía que solo los valientes sobreviven. Eso jamás va a dejar de ser cierto. Pero que a lo mejor ahora tenemos más miedo que en su tiempo, él podría terminar por admitirlo si estuviera aquí.Hay un consuelo. Los expertos afirman que tener miedo no es tan malo. “Agudiza nuestros sentidos y prepara el organismo para afrontar peligros inesperados” (Giovanni Frazzetto). Aunque si la cosa “se vuelve general, se basa en rumores y provoca reacciones irracionales” (Daniel Kahneman), otro es el precio que se paga.¿Estamos más cerca de lo primero o realmente andamos en lo segundo? No lo sé. Lo que sí sé es que, más allá de papas, reyes, cuerdos y locos, el miedo marcará para siempre este 2015 y quién sabe si lo que viene a continuación.

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