Más que la voluntad

Agosto 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

¿Qué hay que hacer para ganar una medalla en los Juegos Olímpicos? Es la pregunta, ahora que acaban de comenzar los Juegos en Brasil y a la luz de las posibilidades reales que tienen allí cinco o, a lo sumo, seis de nuestros deportistas. La respuesta parece obvia. Prepararse a conciencia, siempre y cuando haya todos los recursos a la mano (difícil aquí, aunque hemos mejorado). Y competir, por supuesto, con la ambición de ganar. Para nosotros, seguidores o simpatizantes y a quienes solo nos importa el éxito, es a otro precio. Si Caterine Ibargüen, Mariana Pajón, Fernando Gaviria, Yuri Alvear. Jossimar Calvo y Jackeline Rentería, más algún otro, cosechan una presea en su respectiva especialidad, quedarán cortas páginas y emisiones para tanto elogio y panegírico.Si no ganan, pues, como acaba de pasar con Nairo Quintana en el Tour de Francia, vendrán los juicios severos. Al fin y al cabo si algo corre parejo al deporte es pasión pura.¿Ganar es suerte, accidente, milagro, mano de Dios? Muy poco. Ganar, ante todo, es un proceso. Siempre lo ha sido. Solo que ahora ese mismo proceso ha alcanzado tales niveles de sofisticación que casi nada queda al azar, a no ser un accidente como el de Sergio Luis Henao el sábado. Esa es la parte que, presas de esa pasión a la que hacía referencia, olvidamos con frecuencia los aficionados (y no menos la crítica). Porque una cosa es Caterine en la pista y otra la de aquellos días inacabables de repetir y repetir una rutina. Si supiéramos cuántos saltos triples hace en privado para alcanzar la dimensión que ella logra en público, quizás no reclamaríamos el oro con anticipación. O a lo mejor sí, pero con algún matiz.Hoy, un deportista de élite es el resultado de muchas cosas. La tecnología y la investigación, junto a la actitud, son piezas fundamentales de la preparación, en todos los órdenes. Comencemos por la toma de decisiones, esa misma para la que un alto ejecutivo se toma semanas, con su equipo, mientras un deportista debe hacerlo en milésimas de segundo. No si razón el estudio de una universidad europea concluyó que los futbolistas tienen una inteligencia por encima del promedio, si se les analiza a partir de esa fortaleza natural.Y tampoco nos detenemos en la recuperación, sobre la que los expertos siguen buscando el gran secreto ¿Cómo garantizar por ejemplo el sueño a una persona que anda como gitano por el mundo? Está comprobado que a los viajeros permanentes les azota el hecho de que el cerebro, al escanear el entorno extraño que le resultan ser los hoteles, se niega a adaptarse. Un deportista no puede darse el lujo de no dormir. Ahora hay quienes cargan un kit en su equipaje que incluye colchón y almohada propios. Dicen que funciona.Hay también avances en la búsqueda de puntos del cerebro que, estimulados, podrían generar por ejemplo un mayor rendimiento de las extremidades que corresponden a las exigencias de determinadas prácticas. Eso me huele a doping del futuro, pero hoy existe y se aplica.En fin, es una larga lista de nuevas técnicas a las que, como es normal, tiene mayor acceso el primer mundo, en donde están los rivales a vencer. Ya no es solo a punta de agua de panela y buena voluntad que se triunfa, sino en los centros de investigación donde se cocinan superhombres y supermujeres de hoy.Por eso, tanto las alegrías de las victorias como los intentos por alcanzarlas deberían merecer casi la misma admiración hacia quienes luchan, en medio del ambiente más competitivo y especializado desde que al ser humano se le ocurrió vencer sus propios límites sin otro recurso que el cuerpo mismo. ¡Vamos Colombia!

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