Maduro, la calle manda

Maduro, la calle manda

Febrero 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Sí, presidente Nicolás Maduro, la calle manda. Usted lo sabe bien porque fue allí donde creció ese proceso político que, de carambola, terminó por llevarlo al poder. Hablamos de la lotería que creyó ganarse a la muerte de su jefe, Hugo Chávez, y que, ahora está claro, no fue más que un regalo envenenado.Aunque usted, presidente - no diga que no -, sabía cómo venía la mano en Venezuela en términos de quiebra, la principal, y quizás la única, herencia de su comandante. Pero ya sabemos cuánto seduce el poder, aunque luego, casi siempre, nos pegue un tiro en la nuca. Y, además, qué iba usted a decir no, sabiendo nosotros quién es usted, como cada día más nos lo permite saber. Hablamos de las muy particulares formas que tiene para el ejercicio del poder. Particulares quiere decir, señor presidente, excepcionales, incomparables, únicas, inigualables. Sí, porque a nadie más se le ocurrirían.Fue en esa misma calle donde se hizo fuerte la resistencia del movimiento bolivariano a quienes, antes de que ustedes aparecieran como alternativa, se robaban a Venezuela sin contemplaciones. Algunos de ellos venían por aquí en los setenta y eran recibidos por sus homólogos como lo que eran, jefes de estado. Eran los tiempos de las relaciones estrechas y las amistades personales. Ahí están las fotos y los discursos de elogios que los hacían tan parecidos. Luego, qué coincidencia, uno y otros se marcharon para siempre, sin pagar por conflicto de intereses y cositas parecidas.Y en esa calle se ganaron, después de la cárcel, el respaldo popular que los llevó a gobernar. Bastante agua ha corrido por esas mismas calles desde ese 99 hasta nuestros días. Ríos de gente que salió a darles el sí, al que ustedes correspondieron con esas tres constantes de la vida venezolana: caudillismo, personalismo y militarismo. A veces esas piezas han estado sueltas. A veces, combinadas. A veces, necesarísimas, como ahora, con la represión.No sé si usted sepa dónde está Kiev. De hecho, no tiene por qué saberlo. Con que sepa que está cerca del señor Putin, basta. Bien, Allí, señor presidente, en Ucrania (Kiev es su capital), la calle acaba de dar un golpe. Un golpe de autoridad popular al que el tirano en huida, el señor Víktor Yanukóvich, ha llamado golpe de estado. Antes de que le tocara echar a correr, hablo de complot, como usted.De Yanukóvich dijeron desde hace tiempo que es un matón. Él hombre lo demostró con sus tropas la semana pasada frente a jóvenes que le pedían, primero, que cambiara, y, después, que se largara. También le habían dicho “matón incompetente”, vean cómo no decepcionó. Hoy es un fugitivo que se apresta a posar de perseguido político, como todos los que se van por la puerta de atrás.La calle, su calle, hierve presidente. Y usted sabe el costo. La soledad comienza a entrar por las puertas de palacio. Y también la desconfianza, esa que admite. ¿Acaso siente pasos de quienes creía que eran sus amigos? ¿Los militares consentidos a los que les dio todo y más?Y no espere mucha solidaridad de afuera. Por ahí hay unas voces de respaldo que no suenan convincentes. Y de sus supuestos amigos en Colombia, menos. Sepa que estamos en campaña y nadie va a ser tan pendejo de correr el riesgo de que lo matriculen de su lado. Son esos antiguos chavistas a los que ya no les importa tomarse fotos en Miraflores.La calle, presidente, manda. Tarde o temprano, pero manda. La calle no siempre tiene colores políticos, La calle tiene gente. Y, es cierto, también pescadores en río revuelto. Pero, más que nada, usted sabe cómo es y qué hace la gente cuando se echa a la calle. Usted tiene la fuerza; la gente, la razón.

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