Leviatán

Marzo 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Entre todas sus maravillas, el cine siempre será el camino más corto para acercarse a la propia realidad y, lo mejor, a esas otras que otean en el horizonte. Acabo de comprobarlo con Leviatán, la película rusa que sonó para alcanzar el Óscar a mejor cinta extranjera y que acaba de entrar en la cartelera nacional, con el evidente riesgo de marcharse pronto de ella, por no tener el aura de producto comercial. Mejor dicho, por venir de tan lejos (lo que en nuestro medio siempre no deja de ser una barrera cultural), y, por ende, por no tener estrellas hollywoodenses que enganchen a eventuales espectadores.Pero, no crean, Leviatán no es tan lejana. Por el contrario, es mucho más cercana de lo que se pudiese creer. Por un lado, porque su tema de fondo: el abuso del poder amarrado de la corrupción y el drama de quienes están condenados al destino que les trazan quienes se amangualan para mantenerse en el mando, a como dé lugar, no es un problema exclusivamente ruso sino que uno se encuentra con esa mismo panorama en cualquier lugar del mundo donde concurran dinero y más dinero. Y por el otro, porque esa misma Rusia que a esta hora se estremece por el asesinato el viernes pasado de Borís Menstov, uno de los principales líderes opositores, está reflejada en esta producción, muy a pesar de la mala prensa que le han hecho diversos estamentos, desde el gobierno del presidente Vladimir Putin hasta la Iglesia Ortodoxa, pasando por el Partido Comunista. A mí esa extraña coincidencia no hizo otra cosa que estimular mi curiosidad, esa misma que ahora crece con los últimos acontecimientos. Igual debe estar pasando en otros lares hasta convertirse en tendencia.Deberían saber ellos (Putin, los ortodoxos y los del viejo partido) que ese es el efecto inmediato de la censura. Porque entre más se empeña la triada en hablar mal de la película y calificarla de antipatriótica, entre más se sepa que le han metido mano para caparle parlamentos por considerarlos “vulgares” (¿qué tal semejante ratón hablando de cuidar el queso?), más vamos a entender qué algo se esconde tras la política del tapen, tapen… Y tapar no es el verbo. Tampoco la victimización de la que hacen gala el señor Putin y sus colaboradores, quienes pretenden vendernos un supuesto juego de intereses entre la visión que de su país entrega el director Andréi Zviagíntsev y lo que califican como perversa campaña de Occidente para desprestigiar a una nación en la que, supuestamente, todo marcha en el sentido del crecimiento económico y de los derechos humanos de sus ciudadanos. Derechos que, en el caso del señor Menstov, no pudieron hacerse realidad por los cuatro tiros que le metió el sicario y que el gobierno califica como una provocación con pretensiones de desestabilización. Como ven, comenzamos hablando de cine y terminamos en la película de horror de la vida diaria. Ese salto de la ficción a la realidad, jamás está en las cuentas del autoritarismo. O mejor dicho, sí está, pero se desestima porque no se piensa en el arte como un enemigo potencial. Y menos que este sea de auténticas proporciones. Aquí, en este caso ruso lo va a ser. Quiéralo o no el señor Putin, quien, aparte, tiene una trama por resolver. O dos: ¿Quién mató al señor Menstov? y ¿a quién le interesaba la muerte del señor Menstov?Sugiero Leviatán, no como ejercicio ruso, sino como visión universal. Ya verán cómo, aparte del frío glacial del adiós, tenemos mucho en común, comenzando por…

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