Las iglesias de Francisco

Abril 22, 2013 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Debe conocer muy bien Jorge Mario Bergoglio el camino empedrado que lleva al infierno, a donde suelen ir a parar las buenas intenciones. Al fin y al cabo ha visto pasar muy cerca la vida política de su país natal, plagada de mentirosos y embaucadores (y embaucadoras), y conoce bien a la Iglesia Católica, esa misma a la que se le señala de predicar mucho y aplicar bien poco.A lo mejor por eso mismo, porque sabe cuántas dificultades y trabajo le esperan, ha echado a andar sin pausa cambios que, de prosperar, marcarán una nueva era para una institución desprestigiada y desgastada. En ese sentido, la conformación el pasado 13 de abril del consejo que le ayudará a dar el primer empujón al carro es prometedora. Y no porque de él formen parte aventajados de la Teología de la Liberación o de algo parecido, sino porque hay un pragmático sentido de renovación, que incluye desde la lucha abierta contra asuntos como la pederastia hasta la mirada más terrenal de la religión que reclama el ahora papa Francisco.En el papel no debería salirle mal poner en la zona de creación (lo sabe él, hincha de San Lorenzo) a un tipo como Sean Patrick O’Malley, reconocido no solo en Estados Unidos (es arzobispo de Boston) como el más resuelto alto jerarca en la lucha contra los pederastas. Claro también es el mensaje de premiar con un lugar en ese Dream team conformado por ocho prelados, a quienes, como sucede con el italiano Giuseppe Bertello, le han hecho frente a mafias que juntan poder y dinero, mientras exigen sacrificios y privaciones a las comunidades donde se mueven con sus falsas aureolas de apóstoles.Pero no menos es un acierto abrir la puerta a otras culturas. Que un hondureño tenga voz, y voto quizás, no pasa de largo, más cuando él, Óscar Rodríguez Madariaga, hará las veces de coordinador del grupo, ascendencia que tiene significado. O que un congoleño, Laurent Monsengwo, represente a millones de africanos, ávidos del pan físico antes que el espiritual, debe servir para algo más que la fotografía oficial en octubre próximo, cuando están citados en el Vaticano.En esa onda de amplitud, no se quedan por fuera ni la India (Oswald Gracias) ni Australia (George Pell); ni la juventud, si se acepta que un hombre de 59 años como lo es el alemán Reinhard Marx sobresale en un medio de años y achaques. Un chileno (Errazuris Ossa) demuestra la importancia que tendrá Latinoamérica en los tiempos de un latinoamericano.La orden de Francisco será reformar la curia vaticana. Casi nada, dirá el mismo Bergoglio para sus adentros. Sí, casi nada, dirán desde afuera todos aquellos que se empeñarán en estrecharle el camino. A lo mejor, los mismos curas que en los últimos días en Francia han alentado desde los púlpitos, no solo el rechazo al matrimonio gay, que es algo natural desde su perspectiva, sino la estigmatización de la población homosexual, lo que ya derivó en palizas callejeras contra quienes cometen ‘el pecado’ de ser diferentes. O quienes, como en España, siguen empeñados en volver a la obligatoriedad de las clases de religión, al peor estilo franquista, en contravía de los avances de una sociedad a la que le costó sangre poder ejercer el laicismo. O como en Colombia, donde aliados de la causa en La Procuraduría se meten a hacer lobby en el Congreso para inclinar la balanza (quién sabe a cambio de qué), olvidando la Constitución que juraron defender ¿O no, Ilva Myriam?Sí, con esa otra Iglesia, como a Don Quijote y Sancho, le tocó toparse a Francisco. Una iglesia muy diferente a la que parece tener en mente. Deberá contar con suerte Bergoglio para llegar a donde quiere; y no menos con pulso firme, porque el camino estará empedrado, y no de buenas intenciones.

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