La vida, por encima de todo

Julio 16, 2017 - 11:45 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Forensis es el informe anual de Medicina legal sobre el comportamiento de lo que interpreto como la lucha de la vida en esta sociedad nuestra, con tan extraña propensión por la muerte. Un estudio de casi 650 páginas con escaso o nulo despliegue y análisis, pese a que se accede a él sin dificultad en internet.

¿Qué pasó en 2016? Aparte del descenso en las víctimas del conflicto armado, como no podía ser de otra manera tras los acuerdos de La Habana (“De 2.713 homicidios en 2002, se pasó a tan solo 210 en 2016”), poco para sentirnos orgullosos.

Dicho en cifras, en materia de homicidios (11.532) hubo un muy ligero descenso (0,46%) frente a 2015. Es decir, salvamos apenas 53 vidas en comparación con el año inmediatamente anterior.

Eso, y que en Colombia mueran de manera violenta 25.438 personas al año (por diversas causas que van desde el atentado personal hasta los accidentes de tránsito pasando por suicidios), es aterrador. Eso, más o menos, equivale a toda la población del municipio de Ginebra o poco menos que la de Caicedonia.

Como preocupa que nuestra tasa nacional siga arriba de 50 (52,18, exactamente), en la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes, esa que por regiones encabezan Quindío y Valle del Cauca.

Por supuesto que si se parte del pasado (por ejemplo de 2010, el año más violento de la última década, con 29.962 homicidios), hay una mejoría innegable. Pero la enfermedad está ahí y sus señales, expósitas.

De las tantas miradas del informe, sugiero detenerse en tres de ellas. Una, la de los suicidios, que crecieron en un 10,4% con relación al período anterior. Y es que si bien nuestra tasa en esa medición de quienes se quitan la vida es la mitad de la mundial, subir en esas proporciones en tan poco tiempo debe ser más que una señal de alarma. No es poco que, en promedio en la última década, sean seis personas las que cada día se quitan la vida en Colombia. Ni pensar en cuántos lo intentan.

El segundo tema tiene que ver con los accidentes de tránsito. Es 2016 el año más trágico en lo que va de este siglo en materia de víctimas mortales por ese concepto. ¿Quiénes caen en nuestras calles y carreteras? Primero, peatones. Luego, ciclistas. Enseguida, sí, como usted lo está imaginando, motociclistas. Basta salir a la calle para corroborarlo, con los conductores como complementos perfectos de la anarquía que caracteriza nuestra movilidad.

Y el tercero es lo que nos cuesta la violencia. El informe habla en “Años (...) potencialmente perdidos”, de cara a las expectativas de vida actuales: 70,95 años para los hombres y 77,10 para las mujeres. Bien, 885.337 años productivos (el “productivos” es mío) se fueron a la basura. Porque el dato para poner a pensar es que casi la mitad de esa cifra correspondía a jóvenes entre los 20 y los 24 años que perdieron la vida. Sin comentarios.

Decir que los departamentos con más muertes violentas en el país durante 2016 fueron “Valle del Cauca (4.044), Antioquia (3.582), Bogotá D.C., (2.742), Cundinamarca (1.602) y Atlántico (1.016)”, pinta un panorama general pero no refleja el metro a metro. Para la muestra un dato: Buenaventura es hoy el cuarto municipio del Valle del Cauca con menor tasa de homicidios, solo superado por Ulloa (no hubo uno solo), La Cumbre y Argelia. ¿Quién se lo reconoce al Puerto?

La obligación de hacer cuanto se pueda para cambiar este paisaje debería ser un compromiso ajeno a nadie. Vale la pena preguntarse entonces si no es acaso el respeto a la vida, antes que nada, el tema sobre el que debería plantearse una gran agenda nacional. Al lado de otras causas, como la lucha contra la corrupción y al sensato propósito de la reconciliación, único camino para cerrarle el paso al odio, ese que cabalga impune a lomos del lenguaje incendiario y la calumnia.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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