La tenaza

La tenaza

Mayo 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Apunten esta fecha, 20 de mayo de 2014. Y guarden la foto aquella en la que Vladimir Putin y Xi Jingping se saludan con las banderas de sus países, Rusia y la República Popular de China, delante de ellos y casi entrelazadas, tanto quizás como los propios mandatarios. No se han ido con las manos vacías.A simple vista, es el sello de protocolo de un encuentro binacional más. Mentira. Esta cita puede ser el comienzo de una nueva era. Lo dicen los hechos, lo reafirman las perspectivas y lo confirman los temores de quienes, incluidos los Estados Unidos de América, miran desde la platea una alianza que promete ser larga y fructífera.¿Por qué el acuerdo entre Putin y Jingping tiene semejante connotación? Comencemos por lo primero, el aspecto político. Ahora que Rusia padece uno de los mayores desprestigios en el concierto internacional, por cuenta de la injerencia en Ucrania y la anexión de Crimen, resulta poco menos que extraña la casualidad de que China aparezca como salvavidas, frente al panorama de sanciones que esperan a Moscú.Claro está, no hay almuerzo gratis y menos si es pato a la naranja, dirán los chinos, que ya comienzan a hacer cuentas sobre qué harán con el gas natural que a cambio de 300 mil millones de euros (ni para qué pasarlos a pesos) podrán ver surtir en un futuro menos lejano de lo que uno piensa, a través de un gasoducto construido por los rusos en territorio de su, ahora, mejor amigo.No se puede olvidar que durante mucho tiempo rusos y chinos anduvieron mostrándose los dientes, sobre todo por allá en la década de los sesenta. Esa fue una de las razones por las cuales los Estados Unidos encontraron, en tiempos de Richard Nixon y de Henry Kissinger, una inesperada acogida en China. Más que un acercamiento, los chinos querían tener un respaldo por si las moscas, frente a una amenaza, entonces, soviética. Y lo lograron.Ese es otro tema que vale no pasar de largo. El acuerdo, en el que hay más de 25 puntos de diferentes órdenes, la mayoría económicos con muchos ceros a la derecha, no entierra del todo ese pasado de malas relaciones, pero sí pone en la agenda ruso – china un aparente gana a gana, en desmedro de un nombre propio: los Estados Unidos.En ese sentido, es muy probable que se ahonden las diferencias de esos dos bloques que parecen proyectarse en el firmamento. Por ejemplo, en un asunto tan delicado como es la soberanía nacional. No de la propia, que la tienen muy clara, sino la de aquellos que despiertan su preocupación o sus ambiciones, o las dos. Así, mientras se habla de libre determinación de los pueblos, cada uno la aplica a su manera. Rusia, en Crimea; China, en el Tibet; y Usa, en Irán, Afganistán, e intermedias. Claro está, si Rusia y China, como todo parece, van a tirar para el mismo lado, ya se puede advertir lo que sobrevendrá, para comenzar, en el Consejo de Seguridad de la ONU.¿Qué hará entonces Barack Obama? Todo indica que por mucho tiempo la actual administración se negó a creer en una alianza como esta, pese a que algunos analistas se lo plantearon al propio Obama. El Presidente prefirió acoger la tesis de asesores que recomendaban mirar a Rusia y China por separado. Se puede decir que, más allá de los intereses económicos comunes de Moscú y Pekín, hay una tenaza en camino ¿Qué hará Estados Unidos, hoy más lejos que nunca de los dos? ¿Le alcanzará a esta Europa, en su peor momento, para ser un fiel de la balanza mundial? ¿Qué papel jugaremos nosotros, los que no contamos para nada, con ese reacomodamiento de dos grandes y un nuevo panorama mundial? Muchas preguntas y pocas respuestas inmediatas.

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