La sombra de Franco

Noviembre 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Este viernes, 20 de noviembre, se cumplen 40 años del fallecimiento de Francisco Franco. Una vez más, el generalísimo volverá a ser tema. Sobre Franco se ha dicho mucho y se ha escrito más. Siempre de manera parcial, como no podía ser de otra manera.Le pasa a mucha gente y, ¿por qué no?, al historiador Paul Preston, el británico que desde hace más de 45 años incursiona en la Guerra Civil Española que marcó la vida de ese país y del nuestro, mucho más de lo que creemos.Preston es antifranquista. Y vale aclararlo aquí, en este punto, para quitarnos de una vez ese sambenito de la presunta imparcialidad o de la corrección política. No, Preston obedece a su honestidad y al rigor. De ahí salen sus libros, como resulta fácil corroborarlo en cada página. Ahora mismo acaba de terminar la tercera edición de ‘Franco, Caudillo de España’ (Debate). No es la simple reedición de un libro que ya ha sacado chispas y que sacará muchas más, a partir, por ejemplo de una conclusión a la que ha llegado el autor: Francisco Franco, lo dice sin ambages, está a la (deplorable) altura de Adolfo Hitler y un poco por encima de Benito Mussolini. Eso ofenderá, con razón a mis amigos franquistas y les parecerá una auténtica exageración. Pero, ojo, Preston no habla del Hitler de la Segunda Guerra Mundial, sino del siniestro personaje de esa etapa de iniciación, igual de macabra pero menos criminal en términos de víctimas, del 33 al 40 en Alemania. Aquellos tiempos del apocado dirigente político que asume de Mesías y comienza a subir como espuma… Bueno, ustedes ya saben bien cómo son esas historias.Es decir, en el trato a sus conciudadanos, Franco es Hitler y Hitler es Franco, siempre según Preston. En aras de la equidad, pongo aquí lo que dice Luis Suárez, más que biógrafo de Franco, hagiógrafo de San Francisco Franco, y quien en un libro -Franco, Ariel, 2005- de más de 1100 páginas dedica no más de 90 a la Guerra Civil y las restantes eso que llama modelo autoritario: “Franco procuró una superación de odios (…) y pretendió que la onda de represalias, fruto de la contienda, había sido cerrada”.No estoy tan seguro. 36 años de cacería sin piedad, ya no a los perdedores sino a sus familias me dejan la impresión de que hubo algo más.Aunque esa puede ser una versión más sobre Franco. Como Preston tiene las suyas: la del cauteloso y el hombre con suerte, y la de quien comulgó con el Eje más de lo que se conocía, que a la vez convivía con el antisemita convencido que fue. Aparte de la del Franco ambicioso que se dejó convencer de que el plomo podía migrar a oro y que a cambio de gasolina los carros se podían mover con gasógeno (algo así como una estufa por motor, solo que a 20 kms por hora y a un incalculable costo ambiental). Y también la del Franco que se ganó un lugar como gran estratega de guerra por tener las armas que los otros no tenían. Todos esos Francos salen del puño de Preston para demostrarnos que sí, que efectivamente el generalísimo siempre será tema y hará sentir su peso, desde donde se encuentre.Aunque, valga decir, ya no tanto como cuando en pleno franquismo un maestro falangista se presentó al examen de admisión para profesores y, tal lo cuenta Juan Eslava Galán (‘Los días del miedo’, Planeta, 2008), a las preguntas de “¿Quién descubrió América?”, ¿Quién escribió El Quijote’” y “¿Quién pintó Las Meninas?” el tipo, sin rubor, respondió: “Francisco Franco”. Que no es lo grave. Lo grave es que le dieron el puesto gracias a ese otro Franco, el clientelista.Sobrero: Todos los extremismos son iguales. Con Francia lloramos todos.

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