Karen y la compasión

Junio 11, 2017 - 11:45 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Lo interesante de dar en la vida con gente como Karen Armstrong es que sacan ampolla con lo que dicen, eso sí, con argumentos. Y que frente a los grandes problemas de la humanidad son capaces de salir con propuestas de solución tan sencillas y concretas, dignas al menos de ser escuchadas.

Ahí están sus escritos y charlas puestas en la red, objeto todas de duro debate. Como cuando dice que las acciones del Estado Islámico son “la respuesta hacia el intento de Occidente de implantar por la fuerza su secularismo y la separación de religión y política”. Eso no deja de ser de una mayúscula incorrección política en estos tiempos de atentados de los fundamentalistas como los de los últimos días en Londres o Manchester, para no citar a París, Estocolmo, Niza y muchos otros lugares de este lado del Planeta. Porque, valga decir, cuando los ejecutan en Oriente, apenas tienen registro y nada importan.

Pero no es que la señora Armstrong absuelva las acciones terroristas. Diría más bien que las contextualiza, eso que, para comenzar, nos cuesta tanto a los periodistas. Y luego los titulares hacen la otra parte. Porque consumimos titulares y pie de fotos. Así, poco eco se hace a cuando ella dice que “el fanatismo es ignorancia y manipulación” (algo que no solo hacen los yihadistas) y que la raíz de ese tipo de violencia “no es religiosa sino política”.

Sobre eso se puede quedar uno discutiendo hasta el fin de los días. Lo que en particular me llama la atención de esta señora inglesa y hoy Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2017 es aquello de meterse en la descomunal tarea de investigar a fondo, y a la vez, cristianismo, judaísmo e islamismo, para hacer un estudio comparativo entre esas religiones que le permite concluir que, a pesar de todo, sí hay mañana para la convivencia entre credos y, en consecuencia, entre culturas tan distintas.

¿Cómo? Con la única herramienta que hay: la compasión, eso que se podría resumir, fruto de la formación que nos ha regido, como sentirnos tristes por el dolor de los demás.

¿Qué es en verdad la compasión y cuáles son sus alcances reales? Es la aplicación de lo que Karen llama “la regla de oro”, tratar a los otros como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Eso desde una perspectiva positiva. Y si usted tiene otra forma de tomarse la vida bien puede aplicar aquello de que “no hagas lo que no te gustaría que te hagan a ti”.

Elemental. Sí, pero de poca aplicación. A todo nivel, comenzando por el de quienes rigen los destinos del mundo, tan apegados a veces a La Biblia, El Corán o El Torá en los momentos de efervescencia, pero incapaces de hacer de los principios religiosos una forma de compasión y en cambio sí, una trompeta de guerra.

La verdad, como dice esta mujer, hoy de 72 años, es que líderes de esas confesiones (y no pocos políticos que se pintan de moralistas) se dedican más a imponer dogmas que a cumplir con esa obligación primera: la aplicación cotidiana de la compasión, “todos los días y todo el día”, como enseñó Confucio. Algo en lo que estuvieron de acuerdo desde Jesucristo hasta su contemporáneo, el rabino Hillel, y de lo que no debe ser ajeno El Corán.

Personas como Karen Armstrong (tal cual sucedió, guardadas las proporciones, con Gandhi en su momento), merecen ser escuchadas, así parezca que solo aran en el desierto, justo, un segundo antes de la tormenta, como enseña la historia.

Sobrero: Alcalde Armitage, ha dado usted prueba de valor y coherencia para enfrentar la violencia de las barras en el fútbol. ¡Persista y no desista!, porque este partido, alcalde, no se puede empatar. Aquí, ganamos todos o perdemos todos.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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