Justicia: ocho de cada diez…

Justicia: ocho de cada diez…

Marzo 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Si los ocho colombianos, de cada diez, que decimos no creer en la justicia de este país -lo dijo el ministro Yesid Reyes- tuviéramos que ponernos de acuerdo sobre cuáles son las principales causas de esa incredulidad, costaría encontrar coincidencias.Con el tamaño de la crisis actual es imposible medir sus proporciones. E imposible es encontrar cuál de todos los problemas que la aquejan es susceptible de dejar de lado, ya sea porque pesa menos que los demás o porque no incide directamente en el pésimo resultado final.Suena a catástrofe., Y lo es. Un Estado sin justicia tiende a ser un estado fallido. Incluso, puede serlo, sin que nos enteremos. Como sucede con esos síncopes cerebrales silenciosos de los que no se viene a enterar quien los padece sino el día en que el médico pone las evidencias del TAC sobre el escritorio o el paciente se da cuenta que está dejando de ser el mismo.Por supuesto, no somos un Estado fallido por el simple hecho de que la justicia no funcione ni arriba, ni abajo. Además, hombre, qué dirán los vecinos, a los que señalamos de no garantizar los derechos de sus gentes. Es más, si algo de la justicia no funcionara no habría ya en la clase media al 70% de los colombianos que, aseguran, tenemos (permítanme dudarlo). O, al menos, no sería coherente.Porque, diríamos en nuestra defensa, cualquiera tiene derecho, por ejemplo, a tener una complicada situación carcelaria como la que tenemos, a la que se puede calificar como tal desde la calle, pero no allá adentro, a la eterna espera de unas garantías consignadas en la Constitución de las que nunca se acuerdan los primeros encargados de velar por ella. ¿Cuántas personas detenidas en Colombia esperan el cumplimiento de ese derecho -convertido ahora en mucho menos que dádiva- que, aparte, hace más compleja su defensa? Porque como dice un abogado amigo, no hay nada más jodido que representar a alguien que está en la cárcel, así sea de forma preventiva. Pero ese, el de las cárceles, es un tema que no vende a la hora de evaluar la justicia. De hecho, ha sido siempre relegado entre los relegados.Pero, ¿ven?, iba a hablar de una justicia que no funciona y la situación de las prisiones se tragó estos párrafos. Yo quería hablar de la poca credibilidad de los altos tribunales, caja mayor de intereses políticos que se entrecruzan, no a nuestras espaldas, sino en nuestros propios ojos. Y quería decir que la Fiscalía General de la Nación sale más en las carátulas de las revistas por sus propios bochinches que por aquellos en los que debería poner su lupa. Eso sin contar la racha de Fiscales que nos ha tocado.Y seguimos. A las ‘ïas’ tampoco les va mejor. Son trampolines políticos y, como tales, sirven para que quienes saltan desde ellas se entrenen a diario lanzándose de cabeza o de extremidades -igual da- para hacerse ver. Como decía una vecina: si uno no muestra, no vende.Y me quedé sin hablar de la polución de facultades de derecho. Y de las condiciones de hacinamiento en que trabajan los funcionarios de la rama. Y, del abuso de quienes a veces, en aras de salir a defender sus derechos, pescan en río revuelto. Y, de la congestión y de la descongestión que creará una nueva congestión para la que habrá otra descongestión. Y, de la politización, mal de males. Y, de la responsabilidad histórica de tantos y tantos gobiernos en este despelote. Y, de la impunidad, Y, de la corrupción, Y, de nosotros, los de a pie, para quienes la justicia no camina, lo que nos lleva a no creer en ella. Y, de…

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