Justicia, ¡cuál justicia!

Justicia, ¡cuál justicia!

Marzo 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Alberto Júbiz Hasbún y Fabio Alberto Salamanca, dos hombres y dos destinos diferentes. Y dos ejemplos de cómo mal anda la Justicia en Colombia, ese tema al que siempre prometen meterle mano candidatos y gobernantes, lo que no es más que un imposible. La razón: si algo está politizado en este país es eso, la Justicia, y ellos -los políticos de oficio o al menos la mayoría-, no se van a dar esa pela sin el riesgo de salir chamuscados.Entonces, a partir de ahí, de la corrupción de la sal en las ligas mayores, poco y nada se puede esperar de un engranaje en el que entran a jugar todo tipo de intereses. Ahí está la triste suerte que corrió Júbiz Hasbún, a quien ahora se le pide perdón y se le indemniza de manera póstuma. De nada sirven los $3.000 millones porque así como la honra no tiene precio, mucho menos la vida. A Júbiz lo mataron desde el día de su detención sus victimarios, esos mismos que desde la institucionalidad posaron como defensores de una sociedad que no sabía que dormía con el enemigo.Y los matamos quienes creímos en ellos para dar, en el caso de la prensa, titulares que condenaban a inocentes y resolvían de forma meteórica el asesinato de Luis Carlos Galán Sarmiento, información en boca de unos tipos sobre los que, ya se sabía, lo más prudente era tomar distancia. Lo digo desde la esquina periodística, en la que, casi siempre, las rectificaciones a los errores de primera página salen en la sección de cines.Y ahí está la otra cara, la de Fabio Andrés Salamanca, que no es el niño que pretenden pintar, sino un ciudadano con toda la barba. El mismo que borracho y a bordo de un carro, se llevó por delante la vida de Ana Eduvina Torres Morales y Diana Milena Bastidas Cubillos y dejó con invalidez permanente a Johan Iván Cangrejo Muñoz ¿Cinco años de detención domiciliaria como pena? ¿En serio? Aparte, ¿con probables rebajas añadidas? ¿Así se hace justicia? ¿En dónde están los derechos de las víctimas? ¿Qué mensaje se manda?No hay duda de que la justicia sigue siendo para los de ruana. Eso, en términos de democracia es precisamente la ausencia de ella, porque los alcances de un sistema democrático no se pueden reducir al simple ejercicio del voto. Y el otro asunto para el que habrá tiempo y espacio más adelante es quiénes encarnan la justicia. Porque está bien que sus acciones generen debate, pero otra cosa es que se conviertan en protagonistas de novela, agarrados de las mechas como nos ha tocado ver en los últimos meses con el interminable bochinche entre las cabezas de Fiscalía, Contraloría y Procuraduría. ¿Es a ellos a quienes hay que creerles? ¿Transmiten acaso credibilidad con lo que hacen? Nuevos Hasbunes y Salamancas esperan su turno. Para unos, la guillotina. Para otros, la redención, quién sabe gracias a qué tipo de favores. ¿De cuál justicia hablamos en Colombia? Quizás de aquella a la que hizo referencia Jorge Luis Borges: “pide justicia, pero es mejor que no pidas nada”. Sobrero 1: El próximo domingo no venda su voto, no coma cuento, ni vote en contra. Infórmese, decida y hágalo en conciencia por quien le dé la gana, incluso el voto en blanco.Sobrero 2: El ELN asumió la responsabilidad del atentado contra la candidata de la Unión Patriótica, Aída Avella. Y ella aceptó las disculpas de esa guerrilla. Eso sí, faltó que la señora candidata reconociera que se equivocó al apresurarse al señalar a “sectores militaristas” como responsables del incidente. Entiendo los antecedentes históricos que la llevaron a marcharse del país, pero no cabe duda de que la autocrítica también ayuda a construir la paz.

VER COMENTARIOS
Columnistas