Inmediatez, esa otra tara

Inmediatez, esa otra tara

Octubre 01, 2017 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

¿Hasta dónde nos llevará el cortoplacismo? O Mejor, ¿cuándo vamos a tardar en entender que una de las razones de nuestros continuos fracasos es la inmediatez?

La reflexión no viene gratuita. Proviene, en buena parte, del ejercicio profesional. Porque ningún enemigo más visible del periodismo actual que haber encomendado el capital de la credibilidad a la obsesión por la última hora. Empujado además nuestro oficio por una carrera desbocada en la que lo importante, a la inversa de lo que decía el buen José Alfredo Jiménez, no es saber llegar sino llegar primero.

Vean el caso del proceso de paz. Después de más de medio siglo de conflicto armado, hemos querido que las consecuencias de un acuerdo como el de La Habana florezcan de un día para otro. Mejor dicho, nos acostamos un día con guerra y quisimos levantarnos al siguiente con la paz. Nada mejor que así fuera, pero...

Olvidamos muchas cosas. Venimos de una guerra irregular, de unas realidades en las regiones que son desconocidas para la mayoría de los colombianos. Venimos, aparte, de un enemigo -convertido hoy en contradictor político- que maneja, además de otros tiempos, situaciones complejas en sus filas. Y no solo son las disidencias sino esas fisuras en su cúpula que ya comienzan a dejarse ver. Y del otro lado, un Estado que funciona mal y lento.

Ese no es más que un ejemplo. Como lo puede ser otro, el de Medimás, que con toda razón ha agitado el avispero de la paciencia. Y nadie con más autoridad que los miles de usuarios urgidos de atención para exigir que haya soluciones inmediatas, ni más faltaba. Solo que convertir en días el cadáver viviente de Cafesalud en una ejemplar Medimás es un imposible.

Por supuesto que si ellos se candidatizaron para solucionar el problema y montar un negocio en torno a esa posibilidad están obligados a responder a esa confianza. Y entre más pronto mejor. No conozco a la gente de Medimás, pero espero que tengan claro qué deben hacer con urgencia hoy. Pero en especial me gustaría saber si saben qué es lo que harán mañana y, sobre todo, pasado mañana.

Mejor dicho, que ellos y mucho otros pongan en marcha auténticos procesos de construcción que transformen esas realidades. En eso, el sector privado marca enormes diferencias frente a su similar público, y no necesariamente por el tema de recursos y su manejo. Mientras en un lado las metas son concretas, en el otro las llamadas políticas de Estado duran lo que dura una administración. Y eso, porque los cambios de rumbo en cuatro años pueden ser tantos cuantos sean necesarios, ya sea para satisfacer los compromisos particulares adquiridos en campaña o para adormecer a la galería.

Vende poco decir que es mejor ir seguro antes que atropellar la razón. Sobre todo en estos tiempos en que el populismo se ha convertido en panacea de aquellos dispuestos a hacer su agosto, en medio de una institucionalidad endeble por cuenta de la traición de quienes juraron encarnarla y terminaron por venderla en las más altas instancias. Es por eso mismo que el camino no es el desfiladero. Sí, en cambio, aquel que se hace sin prisa pero sin pausa para edificar una sociedad más justa.

Decir que andamos mal es una obviedad. Y decir que no hay salida es una mentira. Pero saquémonos de la cabeza, de una vez por todas, que las verdaderas soluciones están en el próximo semáforo. La historia enseña que es con la mira en un punto claro en el horizonte como otras sociedades han dejado atrás las noches más oscuras. Son esas mismas que ahora marchan a la vanguardia de la humanidad, sin olvidar reinventarse, porque así lo exige esta época. Y siempre, sin conjugar eso que a nosotros se nos metió en la piel hasta hacerse costumbre, la inmediatez.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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