Germán y Jiang

Mayo 02, 2016 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

No conocía a Germán Garmendia. Vine a descubrirlo a propósito del colapso en la Feria del Libro de Bogotá. Garmendia, ya lo saben, es el youtuber que nos puso a los viejos a hablar de esa palabreja y del concepto que encierra.Yo también hubiera querido que la Feria del Libro se llenara hasta las banderas en una sociedad como esta, que no lee nada por cuenta de la Nobel Svetlana Alexievich; las despachadas de Vallejo; la eterna comunión con Gabriel García Márquez; y las audiencias variopintas de Mario Mendoza, Paola Guevara, Mauricio Bernal o Laila Abu Shihab.Pero no, el man del trancón fue Germán. Y debo comenzar por lamentar que un fenómeno juvenil como el suyo haya pasado de largo delante de mis narices. Uno anda presumiendo por ahí de andar informado. Qué va. Eso sí, no crean que voy esta tarde a la Nacional a comprar #Chupaelperro, porque, aquí entre nos, pienso pedirlo prestado a una amiga.Claro está, luego de semejante bochinche, lo mínimo que podía hacer era buscar a Germán en YouTube, en donde me encontré con otros 27 millones, entre seguidores y curiosos. Y, tras verlo, no voy salir aquí a decir que resulta inexplicable que millares de jóvenes pierdan su tiempo con sus parodias.Más bien busco alguien que me explique cómo un tipo que hace lo que él hace (retratarnos tal y como somos, ya sea en el cine, en familia o como vecinos), logra que tanta gente joven se identifique con su trabajo. Y a la vez, por qué eso mismo que hace Germán (desnudarnos en público) despierta la ira de algunos que se presumen sabios de la tribu y dueños de lo que etiquetaron como ‘cultura’.Iba ahí en mi columna, cuando cayó en mis manos el hecho de que China, la inmensa República Popular China, tiene su Germán. Se apoda Papi Jiang. Ella, porque es una joven, se convirtió en tal fenómeno que no solo debe ser capaz de colapsar la Feria del libro de Beijing, sino que hoy es uno de los dolores de cabeza de un sistema poco acostumbrado a que le caminen a contrapelo.Ya pueden imaginar el resto. La censura del régimen acaba de ordenar que las ocurrencias de Jiang sean retiradas de internet. Considera lo suyo “material vulgar”. Ah, como siempre pasa en esos modelos políticos de presunto poder popular, una vez la niña tenga la bondad de corregir la plana, su material volverá a ser público.Imaginé, quizás como usted, que Jiang se dedicaba a darle madera a esos viejitos comunistas de día y capitalistas de noche. No. En sus clips, Jiang advierte - claro, de forma irreverente - sobre los peligros de ser soltera, las relaciones de pareja o lo difícil que es perder peso. Mejor dicho, Garmendia en mandarín.Les pregunto a quienes crucifican a Garmendia y a los niños que le siguen, ¿qué hacemos con Jiang? ¿Pedimos a los camaradas que la purguen y la pongan, de rodillas, a evocar a Mao? Todo el escándalo sobre Germán me olió a eso, a estatura intelectual que, como todas les estaturas, comenzando por la moral, son discriminación pura. ¿Qué detrás de Germán hay un gran negocio? No me digan. A ver, ¿dónde no se pretende un negocio hoy con los libros, con el ocio, con el esparcimiento?Si vuelven a invitar a Garmendia o traen a Jiang a Filbo o a Cali, me apunto. No le puedo fallar a mi hijo. Y, ojalá, él a mí tampoco. Si es que se me pega a ver algo de los Mendoza (Eduardo y Mario), de Cercas, de Padura, de Guevara, de Bernal, del inolvidable Rafa Baena (q.e.p.d.) o de Laila Abu Shihab. Ahí, como en el otro lado, también cabemos ambos.Twitter Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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