¿George W. Obama?

¿George W. Obama?

Junio 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

George W. Obama. Así han dado en llamar al presidente sus más agrios críticos, esos mismos que ahora están, quién lo diría, en los sectores progresistas, desde donde han abierto la caja de los truenos luego de conocerse que Estados Unidos tiene chuzado a medio mundo, incluso en estos tiempos.Aunque el término adecuado no es ‘conocerse’ sino oficializarse, porque venir a estas alturas de la vida a sorprenderse de que los gringos oyen y ven todo -incluso nos huelen- es de una ingenuidad solo comparable con otra que también pasa por la Casa Blanca: aquella de que con Obama en el poder, la violación de la privacidad (que jamás se queda ahí sino que es el principio de acciones de todo tipo) iba a ser cosa del pasado, cuando es, y ha sido, casi que una política de Estado.Claro está, aparece un hombre que sabe mucho, como lo es este Edward Sowden, que sale del nido de la CIA a contar cosas y el planeta se conmueve y hasta se atreve a pedir explicaciones. Aquí también hay que matizar: el planeta es una exageración; por ahora, la Unión Europea ha levantado la manita para hablar en un tonito que no inspira más que compasión. Ni más faltaba, dirán desde aquí, en el Viejo Continente, vamos ahora a ponernos dignos, menos con esta crisis, ese monstruo que se levanta más grande cada mañana.Y Estados Unidos tampoco va a entrar a profundizar en el tema. Ya Obama le sacó el cuerpo al asunto con esa respuesta de manual, tan, tan gringa: “Es el precio que se paga para mantener la nación a salvo del terrorismo”. Igual hubieran contestado Bush padre e hijo, Clinton, Reagan, Carter o Johnson. Bueno, y Kennedy. A lo mejor el único que no hubiera contestado eso sería Richard Nixon, ocupado a esa hora en chuzar.En lo que sí se le fue la mano a Obama fue en decir que “no se han escuchado conversaciones de nadie”, ni se ha accedido a la actividad en internet de ningún ciudadano norteamericano ni de ningún residente en ese país. ¿En serio? No me digan. ¿Tampoco en el extranjero? ¿Entonces es puro cuento eso de que los programas de la compañía Verizon y el otro llamado Prisma recogen datos de llamadas, correos electrónicos, chats, fotos, videos, tarjetas de crédito de millares de personas sin nuestro consentimiento, con destino a inteligencia? Ah, menos mal. Pero ahora me asalta otro temor: ¿Las 9 mil peticiones (pudieron ser 10 mil) que hizo el gobierno americano a Facebook en 2012 -como lo admite esa red social- para que facilitara datos de 18 mil usuarios (pudieron ser 19 mil), qué pretendían? ¿Qué entregó Facebook? ¿Cuántos de esos usuarios lo supieron? ¿Cuántos de los contactos que a su vez tenían estos usuarios tuvieron conocimiento de que entraban a ser monitoreados, investigados?Eso tampoco me sorprende. El 23 de febrero de 2009, en una columna en este mismo diario, me preguntaba sobre lo que estaba dispuesto a hacer Facebook con el material de sus entonces150 millones de usuarios en todo el mundo. Y me respondí: “Nada bueno, dirían las abuelas. O un gran negocio, a costillas de quienes confiaron en depositar en ese portal toda su intimidad, que de hecho había dejado de serlo”. Facebook dice ahora que “han sido cuidadosos con la información que han entregado”. Je, je, je. No nos desviemos. Estábamos en Obama y en un tipo, Edward Snowden, que pronto se convertirá en reo, como ahora lo es el soldado Bradley Manning por Wikileaks. Bien, de todo lo que ha revelado Snowden sobre los archivos de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) hay algo que resume los alcances del espionaje: “Cada vez que teníamos en la oficina un debate sobre cómo combatir el crimen, nunca se limitaban a proponer los procedimientos legales, sino que proponían acciones decisivas. Dicen que a una de esas personas más vale echarla del avión a patadas que darle ocasión de defenderse en un juicio. Abunda la mentalidad autoritaria”.¿George W. Obama? No creo, pero...

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