‘Fe de etarras’

‘Fe de etarras’

Noviembre 05, 2017 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

No es ‘cuña’, pero hace unos días gracias a Netflix me volví a ahorrar un noticiero y un capítulo de ‘Protagonistas’. Por pura casualidad di con ‘Fe de etarras’, una película con talento español, hecha con dinero de esa plataforma de video bajo demanda.

Antes de seguir, vale la pena decir que ando lejos del tópico aquel según el cual el cine español es Almodóvar y Almodóvar el cine español. Me quedo mejor con las películas hechas en ese país (incluidas las que salen de esa parte de su territorio que es Cataluña, valga decir) donde se apuesta a la cotidianidad. Ahí donde el común de las cosas se convierte en radiografía de los momentos en que una sociedad, como la de ellos, anda en ebullición, incluso por las causas separatistas.

Comienzo por decir que tiene valor su director, Borja Cobeaga, de poner en escena en modo de comedia a ETA. Por un lado, porque hay heridas aún sin cicatrizar de parte de las víctimas. Y del otro, en estos momentos cuando la banda terrorista -como se ganó el derecho de que la llamaran- no termina de estar en desbandada y de andar hecha un fantasma que no encuentra la mejor forma de decirse a sí misma que simplemente ya no existe.

No es extraño entonces que a Borja Cobeaga le han caído críticas y que le caerán más en la medida que su obra crezca (que, supongo, así será). El dolor de las víctimas, han dicho algunas de las muchas que padecieron a ETA, no está para sacar risas. Como tampoco el director habrá podido evitar a algunos nostálgicos que le llamen ‘fascista’, esa acuñación con que algunos neofascistas tildan a quien se atreve a cuestionar lo que para ciertos lunáticos es la verdad revelada, y poco más.

Me reí a ratos con ‘Fe de etarras’. Pero también vi pasar en la trama la imbecilidad del fanatismo, bien administrada por quienes son manipulados por sus jefes para conseguir objetivos infames que, si los alcanzan, les permiten proclamar éxitos a los que les cuelgan eso de victorias del pueblo. La carne de cañón que en los conflictos se comercia a precio a la baja.

Y cada uno de los cuatro gatos que usted encontrará en ese comando terrorista, más su jefe a presunto buen seguro, me refrescan la memoria. Por ejemplo, evoco a un tal Bayardo en mis tiempos de universidad pública. Era un tipo tan o más viejo que mis profesores, al que le había cogido la noche en el primer semestre de la facultad a donde había ido yo a parar. Bayardo nos tiraba línea a los primíparos antes de ponernos en la primera línea del tropel con la Policía, lugar en el que siempre desaparecía misteriosamente. Y menos se dejaba ver en las comisarías a donde íbamos a parar, acusados de tirapiedras y rebeldes.

Y así como en el guion de Diego San José asoma el incauto, no falta ese otro loco que, antes que pelear por un ideal, sueña con ver su nombre en letras en molde en los medios de comunicación. O ese convencido que se niega a aceptar que lo suyo, cambiar el mundo a tiros, está viejo y oxidado.

Eso mismo que ya vimos y conocimos aquí en Colombia: la irracionalidad de algunos que, por fortuna, ya se atrevieron a dar el paso a buscar construir una nueva sociedad por el lado que llaman los tiempos de hoy. Esa misma irracionalidad en la que otros se empeñan en mantenerse. Todos, comenzando por los últimos, deberían ver ‘Fe de etarras’ y reírse, si quieren, aunque quién sabe si también lo hagan con el final que Borja y San José han preparado. Como ya lo comprobará usted amigo lector, si es que decide apostar a esa hora y media de algo más que pasatiempo. Y no es ‘cuña’.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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