¡Es la corrupción, estúpido!

¡Es la corrupción, estúpido!

Febrero 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Agotada y sin ilusiones, España ya no sólo cae en picada por ese túnel sinfín de la desaceleración y el desempleo, sino que un mal peor aún, la corrupción, amenaza con devorarse lo poco que queda en materia de institucionalidad. Ahí, en catarata, los escándalos del gobierno, la casa real y el sector privado encarnan la nueva cara de su tragedia contemporánea.Y si alguien está llamado a poner la barba en remojo, es el señor Mariano Rajoy. Parecen mínimas las posibilidades de que el Presidente salga bien librado del escándalo sobre el manejo de las finanzas del Partido Popular que lo llevó al poder. Aunque ya se sabe que en política hay mil formas de blindarse. Y de todas ellas, una siempre ha resultado infalible: parapetarse tras la mayoría parlamentaria y pasar de agache, fórmula a la que se encomendó. Rajoy acoge la fórmula del ‘yo no fui’ para ver si baja la marea o algún milagro le facilita una cortina de humo. Esperanza lejana si se parte del hecho de que un pueblo como el español no parece dispuesto a soportar más noticias malas que los cada vez peores niveles de desempleo, los mayores de su historia reciente.Tampoco resulta fácil, en medio de la crisis, que la gente digiera que el tesorero del PP, Luis Bárcenas (a quien también se le conoce como ‘Luis, el cabrón’ desde los tiempos de otro escándalo del PP aún sin resolver, el caso Gürtel), haya cultivado 22 millones de euros en una cuenta en Suiza que justifica con un olímpico “soy un hombre talentoso para los negocios”. Sí, 22 millones de euros en un país donde el salario más común casi siempre ronda los mil euros. Y 22 millones de los que, si las pesquisas siguen las huellas de elefante que va encontrando la prensa –antes que la justicia-, terminan por demostrar que la cúpula del partido de gobierno, ganaba sobresueldos de tíos ricos, siempre gracias a la diligencia de don cabrón y una contabilidad paralela que está escrita en tinta indeleble.Decir, como afirman Rajoy y su corte pretoriana, que ahí no hay nada, es una muestra de cinismo incomparable. Y eso que hasta ahora lo que asoma es la punta de un iceberg que amenaza de hacer de Rajoy, quién lo creyera, Leonardo Dicaprio (con perdón de Leonardo) en la edulcorada versión de lo acaecido con el Titanic. Ya hacen cola para declarar en la investigación que se abre paso, los donantes a las campañas, como siempre, ilustres hombres de negocios que violaron sin querer los topes y recibieron a cambio algún favor de muchos ceros. Calificar de complot semejante rollo, como han pretendido, tampoco funciona. Primero, porque han sido militantes del PP, incluido el propio Bárcenas, quienes han aportado las mayores evidencias. Segundo, porque en el seno del mismo partido ya se escuchan voces jerárquicas que ahora marcan distancia y exigen la verdad. Y tercero, porque si hubiera sido el Partido Socialista Obrero Español el autor de las denuncias, pocos hubieran creído en su competencia para hacer algo bien, tras la ineptitud que mostró en su pésimo ejercicio en la época Zapatero. El comienzo del fin de Rajoy, bien puede estar en sus propias palabras. Esas que pronunció el pasado lunes 5 ante su ama y señora, la todopoderosa Ángela Merkel, cuando la prensa le inquirió en Berlín sobre las graves denuncias que lo comprometían: “Todo es falso… menos alguna cosa, que es lo que dice la prensa”. Echando mano de Clinton en la campaña del 92 cuando encaraba al viejo Bush, habría que decirle a Rajoy que el problema de España va ahora más allá del histórico “es la economía, estúpido” y se pone en los terrenos de la corrupción, esa que hace metástasis por todos lados, mientras el mundo se pregunta si el remedio del PP resultó mucho peor que la enfermedad.

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