El mejor presidente...

Diciembre 02, 2013 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

¿Qué resultado creen que arrojaría un sondeo sobre cuál es el mejor presidente de Colombia desde que, con Alberto Lleras Camargo (1958 – 1962), se inició un nuevo periodo de estabilidad democrática en Colombia? La pregunta me asalta tras conocer los resultados de una encuesta del Huffington Post entre sus lectores (así la llama, aunque no pasa de ser un sondeo) para conocer quién creen que es el mejor presidente de la aún joven democracia española.Los resultados dejan al socialista Felipe González como amplio ganador. De ahí en adelante vienen las sorpresas. La primera es que el segundo no es José María Aznar (lo que parecía previsible en una sociedad partida ideológicamente por la mitad), quien, además, ni siquiera es tercero. Lo superan Adolfo Suárez, el buen hombre que tuvo que echarse al hombro la transición con los colmillos del franquismo al acecho, y también – oh, palo- José Luis Rodríguez Zapatero, a quien se le atribuye buena parte de responsabilidad en la actual crisis. No clasifican en el marcador Leopoldo Calvo Sotelo y Mariano Rajoy, tan grises como intrascendentes.Aventurarse en nuestro medio a lanzar un pronóstico de lo que sucedería con semejante pregunta, es suicida. Aparte de complejo. Para comenzar, la diferente condición hace más difícil el ejercicio (unos, los españoles, jefes de gobierno; los nuestros, presidentes de la república, con todo lo que eso significa). Allá la medición se limita a seis presidentes, aquí han pasado ya más del doble, trece en total. Además, hablamos de Colombia, un país hoy de gente joven, en el que por ley natural pero más por idiosincrasia, el pasado se remite por lo general a lo que pasó ayer, siempre y cuando no haya sucedido hoy algo más grave. Pero la tentación sigue ahí. Al fin y al cabo se trata, en este tipo de ejercicio de opinión pública, de quedarse con Fulano o con Sutano, sin devanarse los sesos y cayendo en la injusticia. Por qué, ¿Qué recuerda la gente de sus presidentes? ¿Acaso Fue mejor Alberto Lleras Camargo, de quien siempre se recuerda su facilidad en la palabra, o su primo, Carlos Lleras Restrepo, para no pocos el mejor, aunque lo que más evocan de él no son sus obras sino el carácter para mandar a dormir temprano al país con toque de queda, reloj en mano? Así somos.Los balances de cuatro años (pronto serán de ocho, sin excepción) terminan convertidos en un instante: A Guillermo León Valencia lo retratan por sus chascarrillos, su puntería y el insomnio que curaba ya saben dónde, tanto como a Misael Pastrana Borrero por el día aquel en que ganó las elecciones. Mejor, la oscura noche que subió al poder. De López Michelsen, quizás un paro, una carretera en causa propia y un can (en realidad una) que, como él le enseñó, detestaba la leche Klim. A Turbay lo asocian con las caballerizas y con su célebre límite de justas proporciones a la corrupción, que, visto el ahora, podría dejar de ser una sinvergüencería para convertirse en cátedra de ética contemporánea.De Belisario, el holocausto del palacio de Justicia y el corto circuito del Estado de derecho. De Virgilio Barco, el país en llamas por la narcoguerra y su medrada salud. De César Gaviria, el apagón y la apertura. ¿Al mismo tiempo? Sí, quién lo creyera… Más cerca, de Ernesto Samper, el 8000 y… el 8000. Ah, además, el 8000. De Andrés Pastrana, el Caguán, y Nohra y los niños. Y de Álvaro Uribe, cuatro años y otros largos y muy anchos cuatro por cuenta del articulito, a parte de los falsos positivos. Y de Juan Manuel Santos, cuatro años y ¿otros cuatro?, sin necesidad de articulito. Y la paz (con las Farc, que no es toda la paz), si es que llega.Tiene la memoria esa mala costumbre de ser selectiva. Quizás por eso, muchos de los españoles que votaron en Huffington Post dejaron una aclaración al lado de su voto: el mejor presidente está aún por llegar. Aquí también. Aunque, en gracia de discusión, ¿cuál es el suyo del 58 para acá.

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