El efecto Francisco

Octubre 12, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

El impacto que ha causado la decisión del cura polaco Krysztof Olaf Charamsa de salir del clóset para confesar no solo su homosexualidad sino mostrar al mundo a Eduardo, su pareja, es apenas uno de los tantos estremecimientos que le esperan a la Iglesia Católica en los próximos años.Lo de Charamsa no es una casualidad. De hecho, la pregunta que surge al oírlo es, ¿por qué no lo hizo antes, si, como aceptó la semana pasada en diálogo con Blu Radio, esa inclinación sexual ha sido una constante a lo largo de su vida? La respuesta es sencilla, porque antes era casi imposible contemplar siquiera esa posibilidad y no salir chamuscado en el acto, mientras que las condiciones actuales apuntan a una mayor tolerancia. Al menos, por parte de sectores que consideran que con Francisco al mando de la iglesia, muchas cosas deben dejar de ser lo que han sido hasta hoy en esa confesión religiosa.No quiere decir eso, ni mucho menos, que Francisco concuerde con la decisión del cura polaco. Para la muestra ahí están las consecuencias: casi a la par que Charamsa terminaba de hablar a los medios ya lo habían puesto, con Eduardo incluido, de patitas en la calle. Pero lo que no puede impedir Francisco, ni tampoco su entorno más cercano que comulga con las reformas en marcha, es que una vez entreabierto aquel portón cerrado a cal y canto durante siglos que aislaba a la iglesia del mundo real, muchas cosas van a querer pasar al mismo tiempo por ese estrecho espacio. Algunas lo harán con la bendición de la cúpula, porque así lo quiere ella y porque no hay forma de evitarlas. Otras se darán por fuerza de los fenómenos sociales.Es más, el caso de Charamsa, es un efecto que muy seguramente el propio cardenal Bergoglio debe haber contemplado entre los cálculos de lo que está desencadenando este compromiso con el que el papa se la ha jugado a fondo y que se resume en, quizás, la más impactante de sus frases: más cerca de las personas que de las ideologías (y de los dogmas, agregaría uno).Claro está, una cosa es que el Papa vaya a Lampedusa y les pregunte a los europeos por sus valores y su solidaridad mientras ahí, ante los ojos de todos, el fondo del Mediterráneo se convierte en un inmenso cementerio de refugiados o que El Vaticano haga las veces de bisagra para permitir que Estados Unidos y Cuba pongan fin a tantos años de oídos sordos o que el propio Francisco condene a los pastores pederastas.Pero otra cosa, muy diferente, es que el celibato, la homosexualidad como impedimento o la prohibición a las mujeres a ejercer el sacerdocio terminen pasando a mejor vida. Eso puede tardar décadas y quién sabe si siglos. Pero que hoy esos temas están en la agenda privada (muy privada) de la iglesia católica y, lo más importante, en esa agenda pública de la iglesia que camina por las calles, la de mil doscientos millones de personas que practican la religión católica, pocos pueden ponerlo en duda. Ese es el efecto Francisco, imposible de medir hoy y más aún mañana. ¡Y lo que se verá si el mundo dura!***Sobrero 1: También sentí pena ajena con la desafinada versión del himno nacional a cargo del osado Silvestre Dangond. ¿Quiénes siguen: Maluma, Marbelle, el Charrito Negro…?Sobrero 2: La victoria ante Perú es muy buena, pero más vale mirarla en contexto. Uruguay, Paraguay y Ecuador, triunfaron de visitantes y Chile ganó un partido decisivo ante Brasil. Los cuatro son rivales directos nuestros. Es obligatorio arañar algo mañana ¡Vamos Colombia!

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