El Doctor Peláez

Diciembre 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Hablar de Hernán Peláez Restrepo es hablar de un retazo de la historia del periodismo nacional. O dicho de una manera más elegante, la historia de este oficio pasa y, lo más importante, pasará por él, porque el Doctor Peláez, como me acostumbré a llamarlo desde niño, significa un antes y un después en el ejercicio de una profesión que, por sus alcances, es mucho más que eso.Por supuesto, Hernán Peláez Restrepo no ha dicho adiós a su condición de periodista. Solo (y ese ‘solo’ es mejor ponerlo así, entre comillas) se despidió de ‘La Luciérnaga’. Pero ahí está el detalle, como diría el inmortal Cantinflas. Fue en ese espacio radial -que se volvió producto de primera necesidad en la canasta familiar de este país de apáticos-, donde la importancia del Doctor Peláez cobró la trascendencia que ahora hace que lo comencemos a extrañar, tanto como… mejor ni lo digo.De su mano, la caricatura alcanzó la dimensión que se merece. Porque creo que eso es ‘La Luciérnaga’, caricatura pura de la realidad, uno de los géneros periodístico más exigentes y serios de cuantos hay, en la medida que urge, por un lado, de acierto en el tema elegido; y por el otro, de la mejor puntería para dar en ese blanco que saca una sonrisa fácil fruto del humor y de nada más. Es decir, sin que escurran de los trazos (o de las voces en este caso) la ira, el resentimiento, el revanchismo y, mucho menos, el odio.El apagón de la era Gaviria nos dejó esa herencia y durante estos largos años fue él quien logró mantener el programa siempre ahí, arriba, más allá de los obligados cambios de alineación, tan recurrentes en el seno de las empresas periodísticas. Y también más allá de los fracasados intentos de acallarlo. A quienes pidieron su cabeza (que también pidieron otras, incluso con éxito) les salió el tiro por la culata.Dicen que los hombres pasan y las instituciones quedan. Ojalá así sea. El reto para los sucesores del Doctor Peláez es mantener, más que sintonía, una filosofía, en la que tres principios se me antojan fundamentales: uno, independencia; dos, libertad; tres, altura. Sí, caricatura pura y dura.Es otra forma de lucha contra tantos males que nos aquejan, desde la corrupción hasta la violencia, pasando por el uso del poder como instrumento para mantener viejas estructuras o para implantar nuevas que nada tienen que envidiar a las que dicen combatir. Pero además para hacer de la solidaridad un bien común.No quiero cerrar este homenaje (sí, ya sé Doctor Peláez que a usted no le gustan estas vainas), sin pedirle algo en nombre de muchos que, como yo, nos morimos, antes que por un balón por un equipo de fútbol. Escriba todas esas cosas que guarda en su prodigiosa cabeza que lo hacen a usted una especie de Funes (ojo, no el ex goleador de River Plate y de otro equipo de cuyo nombre no quiero acordarme), el Memorioso de Jorge Luis Borges. Podríamos buscarlos en los archivos de la radio o en las minuciosas estadísticas, pero eso otro, la esencia, está en su memoria, esa que, hace ya muchos años, escuché y leí y que me ayudó a tomar la decisión de hacer del periodismo no una profesión sino una forma de vida.Sobrero: No cambio de tema para decir que Santa Fe y Medellín protagonizaron una de las mejores series finales del fútbol colombiano de los últimos años. Somos campeones, otra vez, octava vez. Sí, eso no tiene precio. Como tampoco el hecho de ver que por primera vez en casi 75 años de historia (y es, a la vez, una vergüenza reconocerlo) el equipo tiene sede propia, mientras una nueva y orgullosa generación de santafereños comienza a crecer. Ojalá esa sea la tendencia de nuestro fútbol profesional.

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