El desafío de la paz

Diciembre 30, 2013 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Sobra decir que 2014 será un año definitivo. Las cartas que se juega el país van más allá de los cuatro años que deparen las elecciones presidenciales y las otras, para quienes resulten vencedores. Lo que a Colombia le espera, ya no más paja, es el comienzo de una nueva era. Claro está, las cosas se podrían reducir a si en este año por comenzar somos capaces de alcanzar la paz. No es de poca monta poner fin a un conflicto tan largo. Y si se alcanza ese sueño, como creo que se va a alcanzar, las obligaciones crecerán de inmediato. Entonces, no bastará con el cumplimiento por ambas partes de los acuerdos alcanzados en La Habana, sino que el gobierno deberá entrar en una dinámica que corresponda al lugar que la historia ofrece adjudicarnos.A lo que voy es que si el posconflicto está a la vuelta de la esquina, habrá que trazar auténticas políticas de estado para poner fin a este cortoplacismo enfermizo de metas que nos hace ver todo en diminutivo, como además nos gusta llamar a las cosas.Y hay muchísimos asuntos que no admiten más vueltas. Uno, supremamente urgente, es la educación. Está bien ya de preciarnos de la trasnochada cobertura. Hay que trabajar más duro en calidad. Los siete mejores países (Shangai – China, Singapur, Hong Kong-China, Taipéi, Corea del Sur, Macao – China y Japón) en las pruebas PISA (que miden comprensión de lectura, matemáticas y ciencias), hacen que buena parte de sus mejores alumnos se conviertan en maestros. Claro está, no en las calamitosas condiciones de los profesores nuestros.El otro es la salud. Esto no puede seguir siendo un negocio y poco más, como le cree el ministro Alejandro Gaviria, cuando dijo que: “El asunto no es que la salud no es un negocio; la pregunta es cómo hacemos compatible el negocio con el bienestar del paciente”. Bien le respondió en El Espectador, el médico José Félix Patiño, eminente miembro de la comunidad científica: “No ministro, usted está pisando terrenos que desconoce. La salud es un derecho fundamental y la atención de la salud es un servicio social para hacer efectivo ese derecho”. Si un Estado no cumple con una prestación efectiva del servicio de salud a todos sus ciudadanos, ¿de qué democracia estamos hablando?Y tercero, hay que seguir sacando, con más atrevimiento y con la participación de todos los sectores, a millones de personas de la pobreza extrema. No hay que ir a Noruega o Suecia para verlo. Tomemos lo que valga tomar de tres casos en estos lares: Brasil, Ecuador y Perú. Ellos nos están enseñando.Antes de 2030, luego de dieciséis años de auténticas políticas de Estado, este puede ser un país encarrilado en la auténtica paz, la paz social. La decisión del presidente Santos de buscar la reelección lo obliga a proponer, en concreto, esa nueva era, si es que quiere obtener el favor popular. Nadie desconoce que alcanzar el fin del conflicto con las Farc, y ojalá con el ELN, es un gran paso adelante, pero si a la par no corren los cambios profundos en nuestras estructuras, habremos perdió la verdadera oportunidad de construir una nueva sociedad, incluyente y moderna.Claro está, para hacerlo, Santos deberá encargarse de que en su cancha no cabe ese viejo establecimiento político que promete respaldarlo y que, ya sabemos, va a saco por lo suyo. Y, además, echar pie a tierra para que no le cuenten lo que pasa sino medir su capacidad de gestión con la gente. El desafío de la paz no termina con la firma de un acuerdo, más bien comienza con la firma de ese acuerdo. Sobrero: Aparte de desear Feliz Año, déjenme decir que la partida de Antonio José Caballero coincide con la crisis de la reportería y, por ende, de los grandes géneros periodísticos. Cada vez corremos más riesgos de caer para siempre en las garras de la declaracionitis, los comunicados y los 140 caracteres. Hasta siempre, compañero.

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