El Chavo 2014

Diciembre 01, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Ahora que muchos lo lloramos, hay que decir que menos mal Roberto Gómez Bolaños nació en el 29. Lo digo porque de haber llegado para estos tiempos con su cargamento de geniales invenciones, estaría en la mira de tantos sabios que hoy nos alertan en torno a los peligros que se ciernen sobre nuestras indefensas nuevas generaciones, fruto del peligroso efecto de los medios de comunicación (la frase no es textual, pero como si lo fuera).A continuación, me pongo en los zapatos de esos analistas para anticipármeles en el propósito de denunciar todos los riesgos y alertas naranjas que confluyen en lo que para ellos fue, y es, esa aterradora serie de bajos instintos conocida como el ‘Chavo del Ocho’. Comencemos por el propio Chavo. La verdad, no se puede concebir mente más retorcida de libretista alguno. ¿Dónde estuvo la Corte Interamericana de Derechos Humanos que durante décadas permitió que este pobre huerfanito viviera en un barril? Además, sin saber si era un barril sin fondo, o más aún, sin doble fondo. ¿Qué efecto pudo producir esta calamitosa situación en millones de niños televidentes y cuánto valdrá la recuperación de ese trauma? ¿Acaso, debido a la reiterada emisión de ese nocivo espacio, hay quienes terminaron pidiéndole al Niño Dios un sitio igual para vivir? Y una penúltima pregunta, ¿Qué tantas calorías tenían las tortas con que el Chavo soñaba? ¿No propiciaban esas tortas la obesidad infantil? ¿Eran tortas mexicanas o de una multinacional yanqui, asociada con chinos capitalistas?Sigamos con Don Ramón (q.e.p.d. y mi personaje favorito) ¿Qué fue Don Ramón, un desempleado de toda la vida, sin opciones en la rosca del PRI? ¿Acaso era del PAN? ¿O de las Chivas Rayadas? ¿De dónde sacaba para el mercado y dar de comer a la Chilindrina? ¿Es por eso que andaba forrado en los huesos? ¿No es todo esto jugar con las necesidades de la gente, más aún en una región como América Latina donde los pobres -y otra vez aparece aquí la mala leche de don Roberto Gómez Bolaños, q.e.p.d.- son utilizados en la tele para hacer reír a todos, incluidos a otros pobres? ¿Y por último en este inciso, qué ONG le regaló la camiseta negra que Don Ramón usó durante años y años? Nunca dieron el crédito. Sería porque no lo vestía Lacoste.Vamos ahora con Doña Florinda y su hijo Kiko. Vale la pena hacer este análisis en pareja. ¿Cuánto tiempo dejó doña Florinda de atender las evidentes falencias de su hijo por andar pendiente de los devaneos del profesor Jirafales? ¿Cuántas madres solteras en el continente copiaron ese mal ejemplo? ¿Y el “¡cállate, cállate, que me desesperas!”, no dejaba entrever un problema digno de atención de otorrino para el desvalido Kiko, situación que nunca contempló el libretista? Bueno, y las docenas y docenas de flores que el profesor le llevaba a doña Florinda, ¿terminaron por arrasar con alguna reserva natural? ¿Dónde estaba el ministro mexicano del Medio Ambiente, acaso ayudando a construir la mansión de la mujer de Peña Nieto? Capítulo aparte merece Doña Florinda y la violencia que ejerció contra Don Ramón. ¿Es ahí donde yace la raíz de esa otra violencia de género de nuestros tiempos, la del hombre como víctima? Me quedan en el tintero la Chilindrina y su reconocida condición de delatora, lo que quizás ayudó a crecer, al menos en Colombia, la tasa de falsos testigos. Y el usurero señor Barriga, quien nunca mencionó el banco de sus altos afectos e intereses que patrocinaba sus abusos. ¡Adiós Roberto Gómez Bolaños!, ¡Abajo El Chavo! ¡No más niños explotados en La Voz Kids! ¡Viva South Park!Atentamente, Doña Florinda Thomas & Cía.

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