Dunkerque, por Nolan

Agosto 06, 2017 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Dunkerque es volver al cine que conmueve con su realismo. Eso, que parece ser cosa del pasado en medio de la era digital, es quizás el mayor mérito de la película del inglés Christopher Nolan, hecha hoy fenómeno de masas y de ceros a la derecha, aparte de pedir pista en los Premios Oscar.

A la hora de meterle muela a lo que uno se lleva a casa tras sentarse a verla, es necesario comenzar por eso mismo. Por decir que Nolan no usó paja ni cartón (con recursos de tecnología) en el propósito de hacer tan creíbles sus escenas. Esas de miles de hombres (escasean las mujeres) que corren para huir de la muerte y que, a veces, en medio de su desesperación, se topan con ella. Uno termina creyéndose inerme en esa playa francesa hecha ratonera en mayo de 1940, a merced de todo.

La otra parte, la que va más allá de la apuesta colosal, es la magia de un director capaz de amarrar historias que, tanto solas como juntas, sirven para viajar con un excepcional manejo de los tiempos al fondo de la tragedia de la guerra. Ahí donde, sin par, se huele y se siente el aliento de la condición humana.

Aparte, Nolan consigue que la actuación de los protagonistas coincida con la autenticidad que procura su director, para hacer de esos 106 minutos de tensión una obra que da para debatir.

¿Qué es realmente Dunkerque?, ¿solamente lo ya dicho? O, ¿acaso, una mirada demasiado intimista a un hecho profundo que resulta soslayado? Por supuesto que Nolan está en ese derecho: el de mirar el contexto por encima del hombro, muy a lo anglosajón.

Es frente a esa concepción de la vida y de los hechos que surgen reparos. Por ejemplo el de los franceses, reducidos a un personaje marginal que no significa la cuota de 40 mil de sus compatriotas que vivieron y padecieron ese infierno de los aliados, no exclusivamente de los británicos.

Quien escribe, sin ser nada más que un apasionado por el tema de la Segunda Guerra Mundial, se extraña de ver cómo en la película resulta casi invisible la fuerza de la Alemania nazi que ha empujado allí a esos hombres. Ese, el ejército de Hitler, pasa casi que en puntillas y sus acciones bélicas meten miedo pero luego resultan casi que asépticas.

Dunkerque (Dunquerque, en español), el hecho como tal, fue colofón de un descalabro e inicio de una epopeya. Su desenlace es una de las grandes incógnitas de la Historia, Cuando más cerca estuvo Hitler de inclinar para siempre la balanza a su favor, fue en ese punto de Francia ¿Por qué no dio el golpe de gracia con millares de soldados arrinconados y convertidos en blanco sin escape?, ¿una estrategia política?, ¿sobrevaloración de sus fuerzas? O, ¿física soberbia? Es posible que todo eso junto. Todo, menos rastro alguno de humanidad.

Igual, sin esa cuota, diríamos que necesaria para este mundo sin memoria, Dunkerque, la película, entra por mérito propio en la galería de las grandes obras del cine. Por ese realismo de que se basta para ser rescatada.

Sobrero 1: Si algo demuestra la catadura de dictador de Nicolás Maduro son los procedimientos de sus gorilas en las calles y los asaltos de ellos a casas de los opositores, en las tinieblas de la noche. A la misma usanza de los peores tiranos de la Historia. Y, por si faltara algo, ahí está su golpe de Estado disfrazado de Constituyente. ¿Le vamos a seguir llamando señor presidente?

Sobrero 2: Los 222 millones de euros que pagaron los ricos del PSG al Barcelona por dejar libre a Neymar equivalen a un millón 60 mil salarios mínimos mensuales de los nuestros (dato de El Colombiano). ¿Histórica transacción? No, nada más que una vergüenza para la historia de lo que alguna vez fue un deporte y cada vez más apunta a ser un negocio multimillonario y, quién duda, turbio.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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