Dos caras del balón

Dos caras del balón

Enero 21, 2018 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

No son aislados los hechos bochornosos en que con frecuencia se ven involucrados nuestros futbolistas. Más allá de sindicaciones y retractaciones, es cierto que a algunos de ellos les gusta pisar terrenos minados, con los riesgos que eso conlleva por su condición de personajes públicos, en un mundo como el de hoy donde todo se sabe y todo se ve.

No es solo problema nuestro. Son conocidos también los casos en que estrellas de talla mundial han resultado envueltas en escándalos e, incluso, incursas en procesos relacionados con temas tan delicados como lo es el abuso de menores de edad.

Y eso que apenas conocemos lo que sale a la superficie. Porque así como se dice que todo lo que pasa en la cancha se queda en la cancha, no es poco lo que sucede fuera de ellas y se guarda bajo llave, en cumplimiento de un código de silencio tan estricto y una solidaridad de cuerpo a toda prueba, dignos ambos de mejor causa.

Ahora bien, es una quimera propugnar por cambios en este tipo de comportamientos en un medio como el del fútbol actual, donde lo único que parece valer es la plata. Además, porque está visto que si hay algo que no está en los presupuestos de la mayoría de equipos en el mundo es la formación en valores de sus integrantes.

Aquí no más en Colombia ni siquiera les interesa cómo se expresan. Por ejemplo, el “yo pienso de que” es un tópico, aparte de mal uso del idioma. Tampoco les estamos pidiendo que sean Juan Mata, el del Manchester United (con estudios en periodismo, marketing y educación física, entre otros), pero a ver si nos preocupamos un poco por hacerlo mejor.

¿Qué tienen que ver esas limitaciones a la hora de hablar ante los medios con eso otro de armar bochinches que llenan tapas de todos los tipos de prensa? Pues que si juntamos lo uno con lo otro queda claro que en el fútbol profesional hay un olímpico desprecio por la educación. Aparte de oídos sordos, ¿o cuál creen ustedes que puede ser la respuesta a quien se atreva a proponer ampliar horizontes de los jugadores sobre otros aspectos de la vida, diferentes a la táctica y la estrategia?

Entonces, en cambio de golpear en esas puertas, que no se van a abrir jamás, debemos más bien preocuparnos por el futuro. Que no es de poca monta si nos atenemos a las centenares de escuelas de fútbol que operan en el país, de lo que no es excepción el Valle del Cauca.

“Aquí formamos personas antes que futbolistas”, suele escuchar uno en el entorno que rodea a miles de pequeños soñadores que corren tras la pelota. Muy bonito suena, pero mejor si lo hacemos como debe ser: dándoles mucho más que indicaciones sobre cómo pararse en el campo de juego y con qué borde de los pies golpear el balón.

Aparte de llamar las cosas por su nombre y mostrarles los espejos (de lo bueno y de lo malo), para que no se vayan a equivocar. Y no son menos responsables los padres de familia para evitar que lo único que se inculque allí sea ambiciones de fama y fortuna.

Así que si a su hijo o hija les gusta el fútbol (no se imaginan el crecimiento que están alcanzando en Colombia las categorías femeninas), sepa en qué manos los confía. Porque en esto, como en la vida, hay muchas oportunidades, pero no menos amenazas, comenzando por aquella de hacerles creer que el mundo es un balón y nada más. Como a mala hora aprendieron algunos grandes que, visto está, no son tan grandes...

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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