Después de Pékerman

Agosto 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Tras la renovación del contrato a José Pékerman y a su cuerpo técnico al frente de la Selección Colombia, ahora, como lo dijo la redacción deportiva de este diario, vienen los retos al frente de un fútbol que, sobre el papel, está entre los ocho mejores del mundo. Digo sobre el papel, porque eso no es ni mucho menos cierto. Fuimos protagonistas en el Mundial pero nuestro balompié, aquel que alimenta esos mismos sueños, está muy lejos de esa realidad. Y es que al mismo tiempo que sucede la renovación a Pékerman, James Rodríguez es el centro de atención en España, Jackson hace goles, Teo apaga con categoría los chillidos racistas de algún imbécil y el Arsenal clama por Ospina como titular, sí, mientras pasa todo eso, al mismo tiempo, nuestros equipos dan un lamentable espectáculo en la primera fase de la Suramericana, una copa que no es la Champions League ni la Libertadores siquiera, pero sí un torneo de medio pelo en el que se juega el prestigio continental.Dirán ustedes: ¿qué tiene que ver eso con Pékerman? Mucho. Déjenme recordarles que esos jugadores que nos maravillaron y nos hicieron sentir orgulloso salieron de los equipos de aquí. Y si, con el tiempo, la brecha en términos de calidad y de rendimiento entre la selección y el fútbol profesional colombiano se sigue ampliando, pues lo de arriba andará en airbus y lo de abajo, que es donde se surte, a lomo de mula.¿Acaso los jugadores de la selección no salen de los equipos extranjeros en los que juegan? Claro que sí. Pero el mercado del fútbol y la misma vigencia de los jugadores son de alta volatilidad. Además, hay un cambio generacional en camino. ¿Quiénes, pregunto, se van a encargar de formar a millares que hoy quieren ser James, Falcaos, Cuadrados u Ospinas? Ese es el sueño actual de toda una generación. ¿Hay suficientes formadores para esos sueños? No. Ni en lo técnico, ni en lo táctico. Y, lo peor, tampoco en lo otro, en la necesidad de hacer buenas personas antes que buenos futbolistas. No porque no lo quieran hacer, sino porque para eso se necesitan recursos y escuela. Hay que aprender a liderar y a enseñar. El técnico debe ser cada vez menos ese señor gordo que se para en la raya a ganarse la vida a punto de buscar un cero a cero, y cada vez más el guía que conduce a sus jugadores a la victoria, en todos los aspectos de la vida.Esa es tarea del sector privado. No le pidan al Estado lo que ni puede ni va a dar. Ya verán la Federación de Fútbol, la Dimayor, Postobón, y los demás que son dueños del negocio (¡muy buen negocio!), cómo responden a esta oportunidad para aprovechar la experiencia Pékerman y cambiar en mucho nuestra pedagogía en la formación futbolística. Pero también les toca su parte a los técnicos, al menos a los del fútbol profesional. Su reto es estar a la par de esta nueva ola de jugadores. Hoy, muchos de ellos están por debajo. ¿La razón? Casi siempre (porque hay honrosas excepciones) andan sometidos a la necesidad de defender un puesto y un salario, a punta de archivar lo que sea, incluso el talento de quienes dirigen. Además, sometidos a los caprichos de la dirigencia. Cuando los echan, porque no obedecen o porque los resultados así lo dictan, comienza de nuevo el ciclo: un puesto, un salario, otro “sí señor” y el cero a cero ¿El camino?: dar un grito de independencia, salir de esa rutina y capacitarse, por su cuenta, como nos toca a todos. Para que los respeten y puedan ser auténticos guías. Bueno, si es que queremos tener mejor fútbol profesional y para que lo de Brasil 2014 no sea flor de un año. En fin, para que lo de Pékerman sea lo que debe ser: el punto de partida de un proceso y no un caso excepcional.

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