¿Democracia?

Febrero 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Si poco más uno de cada cuatro países del mundo actual no es libre (26%) y más de la mitad (54%) no conoce plenamente el valor de la libertad, la conclusión no puede ser otra que estamos ante un modelo fallido (el actual), de eso a lo que siempre hemos llamado democracia. Los datos son de la ONG Freedom House y enseñan regresión. Es el noveno año consecutivo de echar para atrás y, como van las cosas, no se avizora un giro en esa tendencia.¿Qué pasa? Los de Freedom House atribuyen la situación a los excesos de los regímenes autoritarios (cosa que siempre ha sucedido, con la diferencia de que cada vez parece importarles menos que sus abusos sean visibles) y a la mayor presencia del terrorismo. Es obvio que la ola yihadista pone contra las cuerdas cualquier posibilidad de que la democracia prospere en territorios de África y Asia, azotados por ese flagelo.Creo que se quedan cortos. La democracia, como tal, está dejando de serlo por esas razones, pero hay otros factores que inciden igual o aún más. Uno, como bien lo señaló el editorial de este diario el pasado miércoles, tiene que ver con ese designio impuesto a muchos países por organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y similares, en el que lo que vale es el cumplimiento de los compromisos adquiridos, sin importar en nada quiénes quedan tendidos con sus políticas de tierra arrasada, los más desvalidos.El caso visible es Grecia, ya no una democracia, aunque quiera serlo. Pongámoslo en estos términos: su capital parece ser Atenas, pero en realidad lo es Berlín. ¿Cuántos países son Grecia? A nuestra manera, casi todos somos Grecia. El problema no termina ahí, La insatisfacción trae consigo nuevas corrientes que le apuestan a soluciones mesiánicas. Y ya saben ustedes cuáles son las consecuencias. Búsquenlas, por ejemplo, en Caracas.Pero, ¿y nosotros, en concreto? La democracia en América Latina sale bien calificada, con las excepciones de Venezuela y Ecuador. Pero no aparece Argentina. Olvidan también esos analistas que no siempre las libertades son conculcadas con la vieja y gastada fórmula de las bayonetas como soporte, sino con otra más efectiva y nociva: la politiquería, receta infalible de nuestros tiempos que suma corrupción, clientelismo, inteligencia de Estado al servicio de causas innobles y, por encima de todo, argucias jurídicas para perpetuarse en el poder, entre muchas lacras. Lo que sucede es que a la hora de buscar dónde está la ilegalidad, el encubrimiento hace su tarea de mano de la impunidad. Eso no es democracia sino formas disfrazadas que se venden como tal en el concierto internacional con pasmosa facilidad. La mayoría de las veces, sin reparos de quienes deberían objetarlas; al fin y al cabo, el reino de la doble moral.Si esas maneras de presunta democracia entrarán en las cuentas de Freedom House, el panorama sería aún peor del que apuntan en su diagnóstico y que no deja de causar sobresalto. ¿Y la democracia?: muy mal, gracias, y empeorando.Sobrero: Mientras el ahora excontratista del túnel de la Línea achaca el atraso y los problemas que quedaron al descubierto tras la interventoría, “a que me le tienen tirria” (¿también perseguido?, no me diga señor Collins), el nuevo descalabro en la obra deja en cero el margen de error en la licitación a abrir. ¿Está capacitada la ingeniería nacional para terminar la obra en esos dos años que nos promete la Ministra de Transporte? Si no, como pasó con la Selección Nacional de fútbol, que nos echen de afuera una mano tipo Pékerman. Es que después de tantos calvarios, se pierde la fe.

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