¿De qué ríe Farías?

¿De qué ríe Farías?

Junio 04, 2017 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

“Se dijo que la mejor liga de Suramérica es la del fútbol colombiano. No conocen el fútbol suramericano para hablar. Para hablar hay que tener autoridad, yo me río, me río...”.

Sí, ríe de nosotros César Farías, el extécnico de la selección venezolana que nos derrotó en eliminatorias al Mundial y que acaba de superar la primera fase de la Copa Libertadores al frente del boliviano The Strongest, cosa que no hicieron cinco equipos nuestros (que conste, incluido el mío, al que además se dio el lujo de sacar).

Ríe el hombre de nuestra liga. Pero, ¿es que acaso tiene razones para reírse? Mejor dicho, de qué puede estar riendo el señor:

¿De que la Dimayor diga un día una cosa y todo lo contrario al día siguiente, con el tema de las sanciones por desmanes en los estadios, verbo y gracia lo que pasó en Cali? ¿Aparte de achacar la responsabilidad de semejantes reversazos a sus tribunales, saliendo al paso de las críticas con el cuento que es decisión de esos entes disciplinarios, esos mismos que son de su bolsillo?


¿O será que Farías, también sabe, tal cual sabemos nosotros, que el problema de las ‘barras bravas’ en Colombia se maquilla, porque la dirigencia del fútbol no pone lo que tiene que poner -la cara- frente a la responsabilidad que le compete en el tema, como queda claro en la reciente columna de César Polanía en este diario?

¿De pronto, Farías se ha tomado el trabajo de mirar cómo está formada la nómina de los integrantes de nuestra liga profesional (la A más la B), para deducir que, como en las universidades de esta país, hay más de garaje y de papel que verdaderas instituciones que respondan a lo que debe ser un representativo de algo más que simples intereses personales?

¿O quizás le queda tiempo libre en La Paz para ver por televisión uno de nuestros ‘duelos’ a los que acuden -está certificado- 200 personas, incluidos los agente del orden que van a garantizar la seguridad no sé de quienes? ¿Hay, se preguntará a propósito mientras se echa una carcajada más, otra liga, diferente a la nuestra, que tenga tantos estadios vacíos y tanta televisión disponible?

¿Y si así lo hace, vernos por TV, se morirá de la ‘erre’ cuando ve el lamentable estado de nuestros campos de juego y la pésima iluminación que hay en ellos? ¿O creerá, como también creemos nosotros, que ese balón oficial con que se juega -desaprobado por los propios jugadores y directores técnicos- ya debería haber sido recogido, como lo prometió la Dimayor, para dar paso a un balón de verdad, porque, como debe decir Farías, haciendo un chiste malo, el fútbol se juega con balón de fútbol y no con una pelota de playa?

Y a lo mejor le quede tiempo al susodicho vecino bolivariano para esbozar al menos una sonrisa y decir que no puede ser la mejor liga del fútbol suramericano aquella a la que el 80% (y eso, para ser benévolos) de las contrataciones de jugadores extranjeros le sale de mala calidad y sin carácter devolutivo. O en la que fingir faltas parece ser parte de la fundamentación en las escuelas. A esa liga en la que hay técnicos que se reciclan hoy, mañana y pasado, sin que les salga el mínimo rubor.

Sin contar que no nos perdonará que tengamos jugadores en los mejores clubes del mundo, con la salvedad de que la mayoría juega en la suplencia. Ahí sí, se los garantizo, se debe tirar al piso hecho una dicha.

De acuerdo, César Farías, no le faltan argumentos para hacer lo que hace y decir lo que dice. Y, créame, lo envidio. Porque a mí, como ferviente seguidor de nuestro querido fútbol colombiano (como dice un locutor deportivo) esas mismas razones no me dan ni cinco de ganas de reír. Más bien me echo a llorar.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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