Ciudad verde

Junio 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Sí, como decía el maestro Darío Echandía, una cosa es Dinamarca y otra, muy diferente, Cundinamarca. Y no menos cierto es que una cosa es Copenhague y muy distintas resultan ser nuestras ciudades. Más aún cuando en la capital danesa se apuesta por innovar a partir de la creatividad antes que de los recursos públicos, hoy por hoy bastante escasos en Europa.Copenhague es apenas un ejemplo de cómo los daneses han sabido construir una de las sociedades más equilibradas del mundo. Lo confirman indicadores tales como tener uno de los salarios mínimos más altos, contar con una de las menores desigualdades en ingresos económicos y también el hecho de estar entre los cinco países en que más gente alcanza un título de educación superior.¿Qué le podríamos aprender a Copenhague, la ‘ciudad verde’ por excelencia? ¿Qué lecciones podrían sacar de esa capital de dos millones de habitantes los candidatos a manejar los destinos de nuestras grandes ciudades? Claro está, partiendo de las abismales diferencias de todo orden que existe entre una y las otras, pero sin desechar sus aciertos como modelos a ajustar a nuestra realidad. A aprender el verdadero valor de ser ‘verdes’. Leo en El País de España http://elpais.com/elpais/2015/05/29/eps/1432920839_299901.html que hay un plan en marcha para hacer jardines y huertos de lo que eran sus azoteas, con fines que van desde la producción de alimentos hasta el máximo aprovechamiento del agua, esa que cae del cielo y que se va entre las manos o se convierte en inundaciones. Aunque usted no lo crea, iniciativas como esa significan pesos. Y es que si bajan los niveles de emisión de CO2, las ciudades garantizan, por ejemplo, más salud ¿Cuánto significa eso en términos de ahorro? Más millones de los que podemos imaginar para destinarlos a frentes de los tantos que tenemos abiertos en materia social.Otro punto. El tema medioambiental no es para ellos un caballito de batalla electoral, sino una política de estado local. Veo también que allí los partidos hicieron un gran acuerdo sobre aspectos básicos en el tema. Ese pacto quedó grabado en piedra y rige desde 2012 hasta 2025. Gane quien gane las elecciones en estos años, tiene que respetarlo y cumplir con las metas trazadas para su período según un cronograma aprobado por todos. ¿Por qué no intentar un pacto similar para el nuevo período de alcaldes en algunos municipios del Valle del Cauca, incluso en Cali? Y una más, el uso masivo de la bicicleta. Encuentro que a finales de este año, la mitad de su población de dos millones de habitantes de la ciudad se moverá así, con sistemas que permiten andar a excelente promedio de velocidad mediante buenas ciclorrutas y olas de semáforos en verde. Aquí soy más pesimista: le giramos un cheque en blanco a la invasión de automóviles y motocicletas. Lo vamos a pagar caro.No es que Dinamarca no tenga problemas. Los tiene y muy serios, Ahí está la creciente xenofobia de sectores políticos radicales, en un país con alta inmigración en los últimos años. Pero, por encima de eso, hay ideas saludables hechas, no lo dudo, por la gente y para la gente. ¿Se puede aquí? Quizá sí, en la justa medida y de acuerdo a nuestras realidades. Sobrero: La salvaje embestida de las Farc, aparte de arrogante y cosa de “burros”, es sencillamente criminal. Pero eso mismo no nos debería quitar la ilusión de que este país encuentre una salida política para alcanzar la paz. ¿A qué le temen las Farc? A la paz. Al fin y al cabo, ella, la paz, significa el fin de la guerra, razón de ser y negocio (ligado a otros más) de los que se resisten a salir.

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