Chocó y el olvido que somos

Chocó y el olvido que somos

Noviembre 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Leo en este diario la muy buena crónica de Laura Marcela Hincapié http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/secuestro-general-ruben-alzate-le-recordo-colombia-existe-choco sobre cómo el secuestro (¿retención?) del general Rubén Alzate por parte de las Farc nos sirve a los colombianos para recordar que el Chocó existe.La leo y compruebo que, en efecto, así es: el Choco vuelve a existir para nosotros, los colombianos. Porque no se trata siquiera de que apenas uno de cada cuatro de sus habitantes tiene servicio de acueducto; solo uno entre seis conoce lo que es contar con alcantarillado; y es nada más que uno de cada cinco el que tiene satisfechas sus necesidades básicas (datos del Banco de la República).No, se trata de algo más sencillo, de recordar que el Chocó está ahí. Que se puede tocar, oler, caminar. Que es real. Vean no más cómo apenas unas horas después de la retención (¿secuestro?), un colega (seguramente me hubiera pasado lo mismo) abre su informe en televisión asombrado de la vegetación tupida y de los ríos que se entrecruzan en la región que acaba de sobrevolar en un helicóptero militar.Y luego, como si no bastarán las imágenes, llama a otros colegas a que lo reafirmen ante las cámaras. Claro está, lo que el pobre pretende es decir que la operación rescate tendrá muy difícil dar con el general, quienes lo acompañaban y sus captores. Pero, a la vez, el periodista le hace, y se hace, esa revelación al país: el Chocó es, visto desde arriba, selva y agua, agua y selva. Más o menos nos dice, ¡quién se lo hubiera imaginado!Pronto, muy pronto, tal y como van los avances de la liberación, el Chocó volverá a su concierto natural: el olvido. Igual a como vienen y se van, enseguida, los obligados protagonismos de la otra Colombia, aquella que vive en la oscuridad, no solo por cuenta de la falta de electricidad (lean a Laura Marcela) sino porque la única luz de su cotidianidad es la que alumbra para el poder central con este tipo de flashes, los de las grandes noticias, Noticias, qué paradoja, ajenas a esa misma otra Colombia, como es el caso que hoy tiene al país y al proceso de paz en vilo.Dirán en otros lugares de la geografía nacional que esa desgracia, la de ser puestos en primera plana por fuerza de las circunstancias para luego pasar a la condición de siempre, la de relegados de la historia, no es exclusiva de los chocoanos. Ahí, como muestra, está Buenaventura, esa misma en la que prenden y apagan de manera cíclica los anuncios y promesas sucesivos a sus tragedias, sin tiempo ni espacio para las gentes que empujan el puerto a mañana, tarde y noche.O Tumaco, aquel mundo aparte para el centralismo, donde pesan más los miserables atentados de la guerrilla que el trabajo de millares de personas, a las que además se les cuelga un estigma. Hace unas semanas, campesinos del área rural de esa ciudad nariñense que se juntaron para dejar atrás los cultivos ilegales, cumplieron el sueño de sacar su producto de la tierra al exterior, cumpliendo todas las exigencias de ley. No faltaron en el proceso de exportación las preguntas capciosas y los cacheos de más. ¿El pecado?: ser de allá.Alguien dirá que el problema parecería ser más del Pacífico que de algún otro lado. No. Hay una vereda que se llama Cargueros. Está en Antioquia. En pleno epicentro de la minería ilegal. Otros campesinos, como los valientes de Tumaco, plantaron una barrera verde para detener la destrucción de la tierra. ¿A quién le importa?Para que el país del Parque de la 93 se vuelva a acordar de Buenaventura, Tumaco o Cargueros, deberán tener la mala suerte de que pasen cosas como la del secuestro (¿retención?) de Alzate. Mientras tanto vivirán en ese olvido que somos (perdón Héctor Abad F. por el plagio), del que lo rescata el buen periodismo. Ya lo hizo el maestro Gabriel García Márquez hace mucho tiempo. Y nada cambió para los chocoanos. O sí, leyendo ahora a Laura Marcela, la fecha.

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