Caricatura

Septiembre 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

¿Qué son las caricaturas de Charlie Hebdo sobre la tragedia de Alan Kurdi, el niño sirio de la foto que fue tapa de la mayoría de diarios del mundo, luego de morir ahogado en aguas turcas de donde había partido en el fallido intento de su familia por alcanzar la tabla de salvación del sueño europeo? ¿Acaso, la burla de dibujantes sin alma que abusan de su poder? ¿Quizás, el abuso de la llamada libertad de prensa, elevada a la potencia máxima del cuarto poder? ¿O, un acceso de máxima perspicacia para ver lo que otros no acabamos de ver? Elija usted. Elija una o de pronto todas a la vez, que también es posible. He visto las caricaturas, siempre con la sombra de la conmovedora imagen de ese niño tirado en la arena, presa de un destino que no eligió y que ni siquiera eligieron sus padres en la medida en que se atrevieron a dejar su tierra, ya sea para no morir asesinados o como resultado del fuego cruzado y, peor aún, para no vivir en condición de esclavos del Estado Islámico.Antes de entrar en el debate de esos trazos vale decir que los Kurdi significan esta cuota diaria de sangre y huida, de huida y sangre, que el primer mundo entero miraba sin chistar, hasta ahora, cuando huele la tragedia y la siente en sus propias fronteras, aquellas donde llegan a tocar los refugiados, mientras lo más importante, la conflagración que azota a Siria y al Medio Oriente sigue siendo una cuestión lejana. Tan lejana que hasta el mismísimo Donald Trump dice que si llega a la presidencia de los Estados Unidos (lo que no pasará) hará lo que considera más práctico en esa región, dejar que se maten entre sí. Eso sí, hay que reconocerle la franqueza; otros piensan lo mismo y se lo guardan.Y eso, la hipocresía, es el punto, no solo en el caso de las críticas a las caricaturas de Charlie Hebdo sino en la lectura de lo que allí pasa. Poner al payaso de Mc Donalds ahí, con su flamante promoción de dos por uno (payaso que no sé cómo se llama ni me importa como no importan sus hamburguesas, lo que no me hace ni mejor ni peor persona, aunque eso sí más saludable), no tiene como fin burlarse de Alan y de su terrible final. Es, por el contrario, una denuncia de cuánto entregan muchos en procura de tan poco, solo para tratar de salvar el pellejo, lo que no siempre pasa. Que lo diga el Mediterráneo, convertido hoy en una gigantesca tumba de seres anónimos.Y poner a Jesús a caminar sobre las aguas mientras los niños musulmanes no tienen otro remedio que morir ahogados es también un dedo en la llaga. Europa, y el mundo occidental, han resultado ahora ser más cristianos que Cristo mismo, precisamente cuando, por el contrario, Francisco traza puentes con otras confesiones. Pero, claro, vale más esa línea santa trazada por los políticos ante una amenaza a la que no supieron tratar en su causa y a la que intentan corregir cuando las consecuencias ya se han desbocado.Es por eso que, con la misma hipocresía, hechos como el criminal ataque de hace algunos meses a la redacción de Charlie Hebdo resulta horroroso, mientras miles de ejecuciones diarias de inocentes por parte del Estado Islámico van a parar a un rincón de la política internacional. Las caricaturas fuera de tono que deberían preocuparnos son estas, las de la indiferencia, porque el problema, antes que la mirada mordaz de un hombre con un lápiz en la mano, es el crimen de quien ve matar y, pudiendo evitarlo, calla o da la espalda.

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