Camisa, ‘Chapo’ y Kate

Camisa, ‘Chapo’ y Kate

Enero 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Si hay alguna cosa que sobresale entre las tantas extrañas y absurdas que rodean la novela real que han escrito ‘El Chapo’ Guzmán y Kate del Castillo (una vez más la vieja y trillada historia del narco y la diva, solo diferenciada por la participación de Sean Penn como el extra), esa mismísima cosa es la camisa del ‘Chapo’.Y es en serio. Para quizás decirlo en el lenguaje más apropiado, con el paso de los días ninguna esquirla se proyectará más lejos que esa pieza de vestir usada por ‘El Chapo’ en la entrevista que dio pistas a las autoridades sobre su paradero. De hecho, el modelo se vende hoy por montones en la tienda de ropa Barabas de Los Ángeles. La camisa y su generalización serán, de alguna manera, uno de los alcances del personaje mexicano empeñado, como todos los de su especie, en traficar, enriquecerse y buscar la triste celebridad junto a todo lo que lo rodea. Algo así da para muchos chistes, pero el asunto de fondo es el grado de penetración, y de admiración, que generan estos comportamientos y estilos de vida. Hace unas semanas pude comprobarlo en carne propia. Gracias a un gesto de buena voluntad de un equipo profesional de fútbol del Valle del Cauca, pude conseguir entradas gratis para un grupo de muchachos que sueñan con salir de la pobreza a punta de sanas gambetas. La cita era a la entrada del estadio. Cuando estábamos listos para ingresar apareció el último, apurado. Traía prisa y algo más: una camiseta estampada con una reproducción de la cédula de ciudadanía de Pablo Emilio Escobar Gaviria. No era la conocida foto con el gorro cosaco. O esa otra, desafiante, posando frente a la Casa Blanca. O la de estudio, a lo Pancho Villa. No, era la cédula del ciudadano Pablo Emilio. Tal cual, con número y fecha de nacimiento y expedición. Y el niño que la llevaba, pues como si nada. No teníamos muchas opciones, así que entramos. Lo llamé aparte de sus compañeros y le pregunté de dónde había sacado eso. “Me la regaló mi mamá”, me respondió, entre orgulloso y agradecido. Admito que le contesté de mala gana: “Pues si mi madre resucita y me trae una de esas, se la devuelvo”. Previo golpecito en el antebrazo me dijo: “Tranquilo, el próximo partido me pongo otra cosa, ¡vamos que ya comenzó…!”Si bien parece haber una similitud en lo (terriblemente) ‘aspiracional’ que pueda existir entre las dos prendas, hay una notoria diferencia: la de Escobar, supongo, no debe costar más del equivalente a tres dólares (todo lo de ellos no admite cotización en pesos), mientras la de ‘El Chapo’ ya saben ustedes cómo se ha ido cotizando hasta terminar rapada por 128 dólares. La pregunta obvia sería entonces si es que hoy ‘El Chapo’ se cotiza más que ‘El Patrón’. A lo mejor sí. Pero no solo en el bajo mundo, sino aquí, en el seno de la legalidad. No sé a cuántos se les pasó por la mente ser Escobar una vez acabaron sus días o como ahora a otros se les ocurrirá ser ‘El Chapo’, tras la recaptura. Lo que sí está claro es que hoy, en la calle, a más gente le gusta que la vean como ‘El Chapo’ Guzmán que a la que, en su momento, quería sentirse Pablo Emilio. Y no hablo de quienes están en el negocio. No, es en la cotidianidad. Gente a la que, por donde se le mire, le brota posar con ese nuevo estatus que la propia sociedad, la moda, y con ella parte de su industria, han terminado por darle a todo este comportamiento emergente. Estatus que incluye la camisa original de marras, una Kate (o lo que se le parezca) de proporciones y todo el kit del caso. En dos palabras, un ‘Chapo’, muy honrado de prestarse a la confusión. Tanto, como su abultada Kate.

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