Bloqueo

Bloqueo

Diciembre 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

¿Cuánto le ha costado a Cuba el bloqueo que Estados Unidos impuso hace casi 53 años contra la Isla? Cualquier cuantificación se queda corta si el tema se mira más desde los cubanos de a pie que del propio Estado. Y cuando uno habla de los cubanos, habla de varias generaciones, desde aquellas que conocen el embargo y lo padecen tras su formalización en febrero de 1962 por el presidente J.F. Kennedy, hasta estas más jóvenes que lo siguen asumiendo como forma de vida. Hombres y mujeres que ahora sueñan (en medio del regocijo natural) con entrar en una nueva era, tras los primeros anuncios de acuerdo entre los gobiernos de Barack Obama y Raúl Castro, gracias, entre otros, a la decisiva participación en esos acercamientos del Papa Francisco. Sin embargo, mucho va del bloqueo de ayer al bloqueo de hoy. Es decir, el bloqueo es el mismo, no así su significado. Quizás porque han pasado muchas cosas esta Cuba de hoy y aquella del espíritu rebelde que en el seno de la entonces naciente Revolución plantó cara y cerró filas frente a la arrogancia de los Estados Unidos, mientras América Latina miraba para otro lado por orden expresa de Washington.Cosas que sucedieron con el transcurrir de los años y el paso de los acontecimientos. Todo eso, junto, terminó por cambiar la definición de ese bloqueo. La caída del muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética fueron hechos decisivos para ello. Al mismo tiempo, Estados Unidos debió terminar por aceptar que, al lado de su feroz política de aislamiento, corrían parejos los desacatos de naciones americanas a sus amenazas de castigar a quienes reanudaran relaciones con el gobierno de Fidel Castro. Entre tanto, en la Isla, el bloqueo no siempre comenzó a ser percibido como lo pretendía el discurso gubernamental, dedicado a recordar a cada minuto que el bloqueo es y ha sido la razón de ser de todos los males de Cuba en el último medio siglo. Discurso que tiene eco en los viejos camaradas, apegados también al ‘Patria o Muerte’ y a achacar al bloqueo cual problema cotidiano surja. Y claro que sí, Cuba sigue aislada y paga un alto precio a ello , quién lo puede negar; pero de ahí a que, como cuenta un corresponsal en La Habana, los cerrajeros no den garantía de las copias de llaves que fabrican, “por culpa del bloqueo”, hay un abismo. Lo que cambia en mucho la percepción del problema es la lectura de otra franja, grande, de cubanos. Son aquellos que consideran que a ese cuento del bloqueo hay que darle una verdadera dimensión, por encima de la retórica barata de una revolución que hace mucho dejó de ser una Revolución (como es fácil de comprobar, yendo allí, no a Varadero y a la Bodeguita del Medio, sino a la capital profunda).La posibilidad del fin del bloqueo es una gran noticia, más allá de todos esos significados. Los cubanos (gente buena, muy buena), merecen mucho más que el aislamiento impuesto por la soberbia americana. Y mucho más que la nomenklatura en que se convirtió un fracasado proyecto político y social que, al paso que va, terminará convirtiendo a Fidel Castro más en mito que en leyenda. Un Fidel a quien, vaya paradoja, el fin del bloqueo le puede caer mejor de lo que él mismo piensa. Sobrero: La decisión de las Farc de cese unilateral al fuego es un nuevo paso en el proceso de paz. Cuando ese grupo diga de una vez por todas adiós a las armas e incursione en la política, no olvidemos que su penúltimo acto de guerra, antes de este silenciamiento de fusiles, fue dejar a Buenaventura sin energía, en un acto terrorista de esos tan suyos contra la población civil.

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